Los hábitos en la problemática alimentaria.


Un ilustre veterinario, Don JUAN MORCILLO OLALLA ya se ocupó de que la necesidad de los Inspectores veterinarios de carnes tuvieran conocimiento de los Hábitos alimentarios, en su libro “Guía del Veterinario Inspector (1864)” pasando revista a los más importantes en los distintos países, con críticas de algunos de los que para él eran incomprensibles.

Entre los factores condicionantes de estos Hábitos destacan, los económicos, religiosos y en ocasiones también los

icológicos y

agmáticos.

Los primeros homínidos seguían en su alimentación idénticos hábitos que los animales, incluso se guiaban por sus instintos, primero herbívoros y después carnívoros, incrementando los alimentos vegetales y los gusanos con la caza y más tarde la pesca. De todos modos, dependían del medio y por ello si faltaban alimentos se trasladaban a otros lugares. El nomadismo era obligado.

A principios del período Neolítico, con la llegada de los cultivos y la domesticación, el hombre consiguió la permanencia en los lugares elegidos, surgiendo las primitivas civilizaciones ubicadas en las cuencas de los grandes ríos, Indo, Tigris-Eufrates y Nilo. También en los litorales mediterráneos del Asia menor. Egipto y Mesopotamia se convirtieron en emporios, debido al perfeccionamiento de sus cultivos, principalmente de cereales, con el consiguiente incremento de sus culturas, que fueron transmitiendo, poco a poco, a otras regiones. En relación con los Hábitos, constituyó un extraordinario avance el Código del legislador Babilónico HAMMURABI, en el que se atendía a todo lo relacionado con la alimentación, a veces con detalles, como castigar con pena de muerte a quienes cometieran fraude en la fabricación de la cerveza.

blicado 1.700 años a de C.

Sin duda alguna, fueron las reglas prohibitivas en el consumo de determinados alimentos que figuraban en los códigos religiosos, principalmente La Torá de los israelitas y el Corán de los musulmanes, lo que condicionaron los hábitos. Se trataba de conseguir el cumplimiento de medidas, principalmente higiénicas, que aunque figuraban en la legislación, no eran convenientemente seguidas. Entre éstas se encuentran, como más significativas, las relacionadas con el consumo de la carnes de cerdo (coincidente en judíos y mahometanos, políticamente enemigos irreconciliables) o el respeto de los Brahamanes a las vacas.

ra Gandhy “no es indio auténtico quien desiste de proteger a las vacas”.

No menos influencia tienen los aspectos pragmáticos, que precisamente en relación con el consumo de la carne de cerdo y los productos derivados, señaló el

of. Marañón en su trabajo “El dogmatismo en la alimentación. Desagravio al cerdo”, en el que destacaba las excelentes cualidades de las carnes procedentes de este animal, resaltando la proporción equilibrada de los ácidos grasos y la riqueza vitamínica del pimentón y las especias que forman parte de los embutidos. De todos ellos, el que ha sido motivo de más críticas son las morcillas, por el hecho de entrar la sangre entre sus componentes.

Estas razonables sugerencias de Marañón fueron compartidas por otros ilustres nutrólogos, entre ellos

eijoó; más recientemente Grande Covian y con entusiasmo por el

of. Bourre en su libro “Rehabilitación de muchos alimentos hasta ahora considerados malditos, unas veces por las leyes religiosas y otras por costumbres dogmáticas”.

Otros de los Hábitos que ha motivado polémica ha sido la Hipofagia, prohibida en normas religiosas, incluida la católica, en este caso por obispos.

r el contrario, los reyes Dagoberto, Francisco I de Francia y su enemigo político Carlomagno tenían entre sus alimentos predilectos la carne de pequeños asnos, que mantenían en sus lugares de residencia.

Los productos alimenticios llegados del Nuevo Mundo modificaron los Hábitos.

En la actualidad, los Hábitos alimenticios han sufrido importantes modificaciones, unas veces por la aparición de productos alimenticios nuevos, la necesidad de comidas fuera del domicilio, con la aparición de las llamadas comidas rápidas y otras por el afan de guardar la línea o prevenir las cardiopatías, declarando la guerra a las grasas, incluido el colesterol, imprescindible para mantener un saludable equilibrio fisiológico. Mención especial exigen los Hábitos vegetarianos.