Promotores del crecimiento: acciones sobre el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal-gónada

PROMOTORES DEL CRECIMIENTO ACCIONES SOBRE EL EJE HIPOTÁLAMO-HIPÓFISISADRENAL-GÓNADA

Profa. Dra. GEMA SILVÁN GRANADO

Discurso de Ingreso como Académica Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España.

Madrid, 22 de febrero de 2006

Excmo. Sr. Presidente

Excmos. e Ilmos Sres. Académicos

Señoras y Señores,

Compañeros y Amigos

Quiero que mis primeras palabras sean para expresar la emoción que siento al estar en esta Tribuna y lo que para mí significa este acto de Toma de Posesión como Académica Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España.

En primer lugar quiero expresar mi agradecimiento a los Excmos Sres. Académicos que con sus votos han hecho posible que esta tarde me encuentre ante ustedes para dar lectura a mi conferencia de Ingreso en esta Real Academia, espero no defraudar las expectativas que han depositado en mí. Por supuesto querría mencionar expresamente a los Excmos. Sres. Académicos Dres. D. Paulino García Partida, D. Dieter Brandau Ballnet y D.ª Josefina Illera del Portal cuyas firmas han avalado mi ingreso en esta docta Institución y cuyo apoyo ha sido decisivo.

En la decisión de presentar mi candidatura a esta Real Academia han intervenido decisivamente, una serie de personas a las que públicamente me gustaría agradecer su apoyo.

Tengo que comenzar mencionando al Excmo. Sr. D. Mariano Illera Martín, anterior Presidente de esta Instit0ución, que lamentablemente no se encuentra ya entre nosotros. El profesor Illera, sin conocerme de nada, me abrió las puertas al y podríamos denominarlo así, fascinante “Mundo Académico”. Yo que soy una persona que, en teoría, no me gusta nada estudiar y que cuando terminé mis estudios de la Licenciatura en Veterinaria lo que pretendía era y me van a a permitir Vds. la expresión “perder de vista” cuanto antes la Facultad de Veterinaria, mi encuentro con el Profesor Illera cambió totalmente mi vida, ya que desde hace aproximadamente 20 años, estoy integrada en el Departamento de Fisiología Animal, en el que bajo la Dirección del Profesor D. Mariano Illera y más tarde de su hijo el profesor D. Juan Carlos Illera, he desarrollado toda mi trayectoria profesional, gracias a la cual, he obtenido un curriculum que me ha permitido acceder a la plaza de Académica correspondiente en el día de hoy.

Quisiera destacar la calidad tanto humana como científica del Profesor D. Mariano Illera, que me hizo sentir siempre que el Departamento de Fisiología es mi segunda casa, lo que pienso es importantísimo, dada la complejidad del trabajo que desarrollamos en la Facultad y la cantidad de horas que la investigación y la docencia nos ocupan. Gracias de nuevo D. Mariano por todo.

También y, como no puede ser de otra manera quiero expresar mi profundo agradecimiento al Excmo. Sr. D. Juan Carlos Illera del Portal, Secretario General de esta Institución, que ha sido mi Director de Tesis y la persona que más me ha animado para presentar mi candidatura a esta Real Academia. El Profesor D. Juan Carlos Illera, a lo largo de todos estos años me ha empujado, literalmente, a embarcarme en una serie de proyectos científicos a los que yo, con mi habitual pesimismo, nunca hubiese sido capaz de enfrentarme sola. Le agradezco profundamente todo el optimismo y entusiasmo que derrocha gracias al cual, el trabajo parece mucho menos duro de lo que en realidad es.

También quiero agradecer la presentación realizada por la Excma. Sra. D.ª Josefina Illera del Portal. Como ha puesto de manifiesto y, si Vds. me lo permiten, estoy de acuerdo en que la presencia de la mujer en las Distintas Reales Academias, debería incrementarse.

Me gustaría agradecer toda la ayuda prestada por mis compañeros del Departamento de Fisiología Animal, a lo largo de todos estos años, a los que están trabajando ahora conmigo y a los que, por diversas razones, ya no están en el Departamento. Voy a nombrar a algunos por orden alfabético y si me he dejado algún nombre, espero que me sepan perdonar: Alfredo, Ana, Luis, María del Mar, May y Pedro.

Por supuesto, quiero agradecer a mi familia, a mis padres y hermanos: Leandro, Macarena y Paloma, todo el apoyo que me han brindado desde siempre, aunque muchas veces no entienden por qué los horarios de trabajo son tan extensos, que haya que trabajar los fines de semana o que cuando llegue a casa, me ponga de nuevo delante del ordenador. A mis padres, que me han sabido transmitir una educación y una serie de valores que me permiten afrontar las dificultades de la vida cotidiana, espero, que sin hacer mal a nadie.

En estos momentos, y si la emoción me lo permite, me gustaría recordar a mi padre, se la ilusión que le hubiera hecho estar aquí presente escuchando este discurso de Ingreso. También querría recordar a mi Abuelo, miembro de diversas Academias de España y cuya figura, ha sido todo un ejemplo para mí.

No quisiera terminar este capítulo de agradecimientos sin mencionar a mis amigas: Elena, Inma, Maria José y Tere, por todos los rollos de trabajo que les he contado y cuyo apoyo y opiniones siempre han sido muy valiosos para mí.

El título de esta conferencia de Ingreso como Académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España es: promotores del crecimiento: acciones sobre el eje Hipotálamo-hipófisis-adrenal-gónada. La elección del Tema sobre el que vamos a hablar esta tarde ha sido complicada, pero nos ha parecido importante dar a conocer a este auditorio algunos resultados de investigación del grupo en el que me encuentro integrada y que pertenece al Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de Madrid. Este grupo ha sido pionero en España, en la investigación sobre las repercusiones que distintos tipos de promotores del crecimiento, que se administran de forma indiscriminada y sin ningún control, a distintas especies de animales de abasto, pueden representar para la salud de los consumidores. Estas investigaciones comenzaron bajo la dirección del Profesor Dr. D. Mariano Illera Martín, hace aproximadamente 15 años y, en la actualidad, continúan bajo la dirección del Profesor Dr. D. Juan Carlos Illera del Portal. Los datos que se van a presentar esta tarde ante ustedes se han obtenido gracias a la concesión de varios Proyectos de Investigación que han dado lugar a publicaciones en revistas indexadas, ponencias y comunicaciones en congresos nacionales e Internacionales, Conferencias y tres Tesis Doctorales.

Es para mí un verdadero honor que mis compañeros hayan confiado en mí para transmitir a este auditorio estos resultados que tantas horas de esfuerzo y dedicación de todo el equipo, han supuesto.

1.- El uso de Promotores del Crecimiento en Producción Animal. Historia y Situación Actual.

Desde el comienzo de la utilización de los animales como proveedores de alimentos para los seres humanos, el hombre ha buscado una continua mejora de la productividad. Las mejoras en el rendimiento de las producciones animales conseguidas en los últimos años son espectaculares. La intensificación de las producciones animales, ha contado con diversos métodos de apoyo, unos consistentes en el perfeccionamiento de las técnicas de producción habitualmente empleadas, otros en la introducción de nuevas técnicas y procedimientos.

¿Qué es un promotor del crecimiento?. La Organización Mundial de la Salud define el término agente promotor del crecimiento como “aquellas sustancias distintas de los nutrientes de la ración que aumentan el ritmo de crecimiento y mejoran el índice de conversión de los animales sanos y correctamente alimentados“. Por ello, el término promotor del crecimiento se puede aplicar a más de un tipo de sustancias usadas en producción animal.

El grupo de más reciente incorporación a la lista de compuestos farmacológicamente activos que se utilizan en producción animal para mejorar la retención de compuestos nitrogenados, son los llamados “repartidores de energía”. Son agentes químicos que actúan, específicamente, a nivel de los receptores adrenérgicos celulares, derivando los nutrientes y la energía procedentes de los alimentos y de la lipólisis hacia la síntesis proteica y muscular (Hanrahan et al., 1986).

Los primeros datos que se tienen sobre elleo de compuestos de síntesis, con actividad ß-agonista, como promotores del crecimiento datan de los años 80. Ricks et al., (1984), basándose en estudios previos desarrollados en biomodelos de roedores no obesos, emplearon el clenbuterol como agente capaz de alterar la composición de la canal en novillos, incrementando la masa muscular y disminuyendo la proporción de grasa.

En teoría, la utilización de estas sustancias presenta una serie de ventajas relacionadas no sólo con la mejora de la productividad, sino también de la calidad, puesto que las carnes procedentes de animales tratados con repartidores de energía presentan un mayor porcentaje de tejido magro. Esta característica está cobrando cada vez mayor importancia debido a la problemática del colesterol y de las enfermedades coronarias y metabólicas asociadas al consumo de grasa animal, hechos que favorecen la demanda de carnes con menor contenido graso, por parte de la población.

La Legislación Comunitaria ha ido avanzando hacia mayores restricciones en el uso de anabolizantes, basándose en que la utilización indiscriminada de estas sustancias puede dejar residuos, entendiéndose como tales, tanto la sustancia administrada como sus posibles metabolitos, que pueden aparecer en la canal o en los productos cárnicos derivados. Parece que no existen dudas sobre la prohibición de la utilización de los ß-agonistas en producción animal, ya que los resultados contradictorios acerca del metabolismo y distribución de estos compuestos -principalmente del clenbuterol- en los animales destinados a la producción de alimentos, así como el posible peligro potencial que el depósito de sus residuos en los tejidos comestibles, puede representar para los consumidores, ha llevado a las autoridades sanitarias de numerosos países a considerar este fármaco de uso ilegal, en tanto en cuanto no estén suficientemente aclaradas las dudas al respecto. Además, el uso del clenbuterol como agente terapéutico se está restringiendo para determinadas especies en toda la Unión Europea, lo que ha dado lugar a la presentación de alegaciones jurídicas por parte de los laboratorios productores de este fármaco ante el Alto Tribunal de Justicia de Bruselas. Existen estudios como los aportados por Kearns et al., (2001), realizados en la especie equina, que han demostrado que la administración crónica de clenbuterol a dosis terapéuticas tiene efecto promotor del crecimiento, esto que se podría hacer extensivo a otras especies animales refuerza aún más las restricciones en el uso del clenbuterol como agente terapéutico.

La administración de ß-agonistas en las especies animales de producción constituye, como s señalado anteriormente, un gran riesgo tanto para la salud y el bienestar animal, como para los consumidores, que son expuestos al consumo involuntario de estas sustancias en concentraciones farmacológicamente activas (Guyer y Miller, 1995), que ya han ocasionado una serie de probs relacionados con la Salud pública en diversos países, entre los que se encuentra España, recors las intoxicaciones que se produjeron entre los años 1989 y 1995 en distintas Comunidades Autónomas. Mientras que las intoxicaciones detectadas en nuestro país han sido producidas por el consumo de hígado con residuos de clenbuterol, en Italia se ha strado que la carne de vacuno tratada con clenbuterol produce un cuadro de intoxicación similar al detectado por consumo de hígado. La conclusión de estos trabajos es que los datos sobre esta intoxicación son lo suficiennte serios como para alertar a los Siss de Salud de los distintos países, que las intoxicaciones de clenbuterol pueden producirse por la ingestión de otro tipo de alimento que no sea hígado y que en la mayor parte de las ocasiones, estas intoxicaciones o bien pueden pasar desapercibidas, o bien confundirse o malinterpretarse (Sporano et al., 1998).

Sinargo y, tal como señalan algunos autores como Martínez-Navarro (1990) y Groot et al.,(1998), no existen aún datos, ni científicos ni epiológicos, definitivos (concluyentes) de que sea el clenbuterol el único agente causante de estas intoxicaciones, sino que el acúmulo de clenbuterol en hígado, músculo u otros órganos se vea reforzado por la acción conjunta de otras sustancias que se administran de forma fraudulenta al ganado durante el periodo de cebo, principalmente corticoides e implantes de hormonas anabolizantes naturales o sintéticas (los popularmente denominados cócteles), que pueden modificar el metabolismo del clenbuterol, aumentando el residuo de esta sustancia en los tejidos y potenciando, por tanto, su toxicidad. Los primeros estudios que confirman esta hipótesis han sido publicados por Abraham et al., en 2004.

En cuanto a la utilización conjunta de varios promotores del crecimiento en especies de producción animal, sólo s encontrado un estudio en el que se describe la utilización, en ganado vacuno, de agonistas ß-adrenérgicos, pero a bajas dosis, administrados en conjunto con hormonas anabolizantes y corticoides (Groot et al., 1998). La conclusión más importante es la acción de la dexametasona sobre la detección de los residuos de clenbuterol, al comprobar que este corticoide disminuye tanto los niveles plasmáticos como los hepáticos de clenbuterol, haciendo más difícil su detección, aunque estos autores no aportan ninguna explicación acerca de por qué la dexametasona produce este efecto.

2.-Efectos del Clenbuterol: los efectos de los agonistas beta-adrenérgicos pueden igualarse, a los efectos fisiológicos resultantes de un incnto de descargas simpático-adrenales. El clenbuterol es uno de los ß-agonistas más potentes y es muy activo por vía oral. Se utiliza en Medicina Veterinaria por sus propiedades terapéuticas en las enfermedades bronquiales y como agente tocolítico. Para obtener efectos anabolizantes se requieren dosis de 5 a 10 veces superiores, a las administradas en tratamientos terapéuticos (Miller et al., 1988). El clenbuterol es efectivo, en hembras y machos, tanto enteros como castrados.

El clenbuterol produce un incnto de la actividad del Sis Nervioso, que conduce a la pérdida del apetito, lo cual puede ser debido a la sensación de malestar del animal o a la actividad glucogenolítica y lipolítica, bloqueando los centros del apetito mediante señales de sobrecarga procedentes de los receptores quimiostáticos. Al ser capaz de atravesar la barrera toencefálica, es posible que la reducción del consumo de alimentos pueda ser atribuída a un exceso de la estimulación ß-adrenérgica a nivel del Sis Nervioso Central (Re et al., 1993).

Los efectos promotores del crecimiento ejercidos por el Clenbuterol, son fuertemente mediatizados por la estimulación directa de los receptores ß2 adrenérgicos localizados en el tejido muscular y también, indirectamente por las variaciones de las concentraciones plasmáticas de hormonas catabólicas o anabólicas, como puede ser el caso de los glucocorticoides, la hormona del crecimiento o la insulina. Si las hormonas pueden alterar la respuesta del tejido adiposo frente a las catecolaminas endógenas, también pueden afectar a la respuesta de la musculatura esquelética frente a los agonistas ß2 exógenos (Sillence et al., 1995).

El clenbuterol, utilizado a dosis promotora del crecimiento produce una serie de efectos sobre el metabolismo de glúcidos, lípidos y proteínas: provoca un incnto rápido de la glua, debido a la desintegración de los depósitos hepáticos de glucógeno y a la disminución de la secreción de insulina. Sobre el metabolismo de los lípidos, destacas el descenso de la grasa corporal y el aumento del consumo de energía (Yang y McElligot, 1989). El clenbuterol produce un aumento en la retención de nitrógeno (Williams, 1987) y una hipertrofia de la fibra muscular esquelética (Reeds et al., 1986).

El clenbuterol por tanto, modifica la composición de la canal, puesto que en animales tratados con ß-agonistas, se observa un aumento en el depósito de proteína (15%) y una disminución en el de grasa (18%) (Lueso Sordo y Gómez Berzal, 1990). El crecimiento muscular, como respuesta al tratamiento con ß-agonistas, es una hipertrofia del tejido muscular esquelético estriado lo que se estra por los estudios realizados por Beerman et al., (1986) en ratas y por Maltin et al., (1990) en vacas.

Los efectos de los ß-agonistas sobre el sistema endocrino, son debidos en gran parte a la liberación de otras hormonas. Entre las acciones de las catecolaminas están la inhibición de la secreción de insulina, el aumento de glucagón y el estímulo de la liberación de hormona adrenocorticotropa (ACTH), somatototropa (STH) y gonadotropinas (FSH y LH). Sin embargo, existe una sorprendente falta de información sobre los efectos del clenbuterol en la glándula adrenal, que es aún más sorprendente si pensamos que existen receptores ß-adrenérgicos en esta glándula, que la médula adrenal es uno de los tejidos que sintetizan y secretan las catecolaminas naturales, que la glándula adrenal sintetiza y secreta los glucocorticoides y por último, la implicación directa de esta glándula en los mecanismos de adaptación del organismo al estrés tanto a corto como a largo plazo.

Los efectos de los ß-agonistas sobre el ovario son muy variables, se ha observado en rata que la administración de ß-agonistas produce una estimulación sobre la esteroidogénesis gonadal, aunque vuelven a aparecer datos contradictorios. Aguado et al. (1982) señalan que en los ovarios de las ratas existen receptores ß-adrenérgicos en todos los tipos celulares, tanto en ratas prepúberes como cíclicas y, concluyen que la funcionalidad y el número de estos receptores es ciclo-dependiente. Aaacute;s, sus resultados en ratas prepúberes señalan que existe un mecanismo adrenérgico implicado en la iniciación de la función ovárica adulta de esta especie. Re et al., (1993), señalan que la administración a largo plazo de clenbuterol (21 días) produce alteraciones en el sis reproductor de las ratas ras adultas, observándose un aumento en la concentración de receptores uterinos de estrógenos, hidrómetra en útero, alteraciones histológicas en útero y ovario, con microquistes, ausencia de cuerpos lúteos y presencia de numerosos folículos ováricos, así como una disminución de las concentraciones plasmáticas de estradiol y progesterona, que hacen pensar seriamente en una disminución de la funcionalidad ovárica. Se ha strado que el tratamiento con clenbuterol influye, incluso, en alteraciones del comportamiento sexual en esta especie (Biolatti et al., 1994).

Por último, tenemos que resaltar que, todas estas alteraciones encontradas en distintos órganos y tejidos, se han observado al final de la fase de tratamiento con clenbuterol a distintas dosis anabolizantes, o como mucho, a las 24 horas de retirar este tratamiento. No hemos encontrado estudios que incluyan la investigación de los efectos del clenbuterol sobre la funcionalidad adrenal o gonadal, después de un periodo prolongado de retirada del tratamiento.

3.-Efectos de la Dexametasona: el clenbuterol, se está utilizando fraudulentamente asociado a otras sustancias conocidas como “borradores”, ya que impiden la detección de los productos prohibidos. Una de ellas es la dexametasona que, junto con la betametasona, constituyen uno de los grupos de corticoides de síntesis más importantes.

Los efectos de la dexametasona son similares a los del resto de los corticoides, aunque la duración de sus efectos es más prolongada, siendo además 40 veces más activa que el cortisol. La dexametasona tiene cáracter hiperglucemiante, estimula la formación de glucógeno y glucosa en hígado. En el músculo y en el tejido linfoide, inhibe la síntesis proteica y activa la proteolisis.

Los efectos de la dexametasona sobre la función endocrina, son bastante contradictorios. Se ha visto que produce la alteración del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA), provocando la supresión de la secreción de Hormona liberadora de corticotropina o CRH y de hormona adrenocorticotropa o ACTH. Estudios realizados en ratas, por Fernández y Sainz (1997) y Jessop (1999) han puesto de manifiesto que, si las concentraciones de ACTH disminuyen durante un espacio prolongado de tiempo, las células de la corteza adrenal se atrofian, y la respuesta de este eje endocrino disminuye progresivamente.

En el ovario, a concentraciones fisiológicas los glucocorticoides son imprescindibles para potenciar los efectos de la LH y FSH que estimulan la producción folicular de estradiol. Son imprescindibles también para estimular la maduración final del oocito, directa o indirectamente mediante el estimulo sobre la síntesis y sobre las acciones de las hormonas esteroides foliculares.

Sin embargo, tanto en el testículo como en el ovario, la presencia crónica de elevadas concentraciones de glucocorticoides, típicas del estrés, inhibe directamente la esteroidogénesis testicular y ovárica, lo que debido a las implicaciones de los esteroides gonadales, tanto en el desarrollo y la maduración de las células germinales, como en el mantenimiento de las funciones del resto de los órganos que forman el tracto genital, estos efectos inhibidores de los glucocorticoides, podrían ocasionar, inevitablemente, una disminución de la fertilidad.

RESULTADOS DE INVESTIGACIÓN DE NUESTRO GRUPO (Illera et al., 1998, 2002 a,b, 2005).

Los antecedentes presentados acerca de los efectos del clenbuterol y de la dexametasona, sobre la funcionalidad de distintos sistemas orgánicos, indican que existen aún excesivas contradicciones sobre este tema. Tampoco hemos encontrado información concluyente sobre si los efectos de ambos promotores son o no reversibles después de un periodo de retirada.

Las asociaciones de distintos promotores del crecimiento tampoco han recibido la suficiente atención de los investigadores, por lo que aunque se conoce que estas asociaciones son utilizadas fraudulentamente en los sistemas de producción de varias especies, los efectos que pueden causar en el animal no han sido suficientemente investigados. Todo lo anterior nos ha llevado a centrar las investigaciones sobre las acciones de estos dos promotores del crecimiento en uno de los principales ejes endocrinos del organismo: el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal-gónada.

Los antecedentes revisados, nos hacen pensar que el bienestar animal está seriamente comprometido después de la administración de promotores del crecimiento, bien sean anabolizantes esteroides o ß-agonistas y que el problema se agrava cuando estas sustancias se administran conjuntamente. El bienestar animal está íntimamente ligado a todas aquellas circunstancias que puedan ocasionar algún tipo de estrés y, por ello, es posible medir una serie de cambios fisiológicos y bioquímicos indicativos de que el bienestar animal está disminuido.

Entre los Principales Indicadores del Bienestar Animal se engloban una serie de parámetros fisiológicos que es posible medir:

1.- Liberación de catecolaminas por parte de la médula adrenal: aumento de epinefrina y norepinefrina (circulante y contenido en la glándula).

2.- El incremento de la actividad de la corteza adrenal que trae como consecuencia la hiperplasia y la hipertrofia de la glándula.

3.- Incremento de las concentraciones plasmáticas de glucocorticoides.

Más a largo plazo:

4.- Cambios en la función endocrina hipofisaria.

5.- Inhibición de la función gonadal debido a los cambios hipofisarios y a acción de los glucocorticoides.

Se comprueba que para que el organismo reaccione adecuadamente ante una situación de estrés es imprescindible que exista una normalidad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal-gónada.

Nuestras investigaciones han sido realizadas en rata. La elección de la especie ha sido complicada, pero esta especie es muy útil y valiosa, en primer lugar, debido a su bajo coste inicial y a la necesidad de pocos requerimientos alimenticios y por constituir una especie cuyo crecimiento y respuesta frente a los diversos tratamientos aplicados, son extraordinariamente rápidos. Además, el hecho de que se puedan utilizar un número suficiente de animales, para satisfacer las demandas de un diseño experimental e interpretación estadística de los resultados obtenidos, nos permiten asimismo, crear biomodelos útiles en estudios del empleo de anabolizantes, especialmente agonistas ß-adrenérgicos, como el clenbuterol.

Los tratamientos que hemos investigado, han constituído un serio reto para nosotros, tanto en cuanto al ajuste de la dosis, como la duración y el tipo de tratamiento. Por ello, nuestro objetivo en este sentido, ha sido la administración de tres tipos de tratamientos: el primero a base de clenbuterol, el segundo con la asociación de clenbuterol y dexametasona y el último a base de dexametasona. De esta forma podremos comparar los efectos de cada sustancia por separado y cuando son utilizadas en asociación. En cuanto a la duración del tratamiento, creímos oportuno que ésta fuera lo más parecida a la aplicada a los animales de abasto, 45 días. Se han investigado también distintos periodos de supresión con el fin de comprobar si los efectos de los tratamientos administrados son o no reversibles.

Para evaluar los efectos del clenbuterol sólo o en asociación con la dexametasona, sobre el eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal-Gónada, y su posible efecto sobre el bienestar animal, nos pareció importante evaluar, en primer lugar, la funcionalidad de la glándula adrenal, ya que, sorprendentemente, existe poca información acerca de los efectos del clenbuterol sobre la función adrenal, y más habiéndose comprobado que otros anabolizantes, como por ejemplo el acetato de trenbolona, alteran esta función endocrina, por lo que el bienestar animal tiene que estar comprometido, por ello, quisimos comprobar si el clenbuterol ejerce un efecto similar. Por lo que respecta a los efectos del clenbuterol sobre la función gonadal la situación es confusa, ya que por los antecedentes revisados hemos comprobado que existen datos muy contradictorios entre especies. No hemos encontrado trabajos que evalúen la secreción de hormonas esteroides después de un tratamiento anabolizante con clenbuterol y recordemos que estas hormonas son los principales reguladores de la función gonadal. Además, existen datos que confirman la implicación del sistema adrenérgico del ovario en la síntesis y secreción de estas hormonas. En el caso de la dexametasona la situación es similar y, tampoco hemos encontrado suficiente información acerca de los efectos de la asociación de estos dos compuestos y la función gonadal. Se han descrito lesiones a nivel gonadal después de un tratamiento con estas dos sustancias, pero tampoco se ha comprobado si los efectos son o no reversibles con la supresión del tratamiento, por ello, se realizó un estudio histológico de la gónada al final de los tratamientos y durante el periodo de supresión de los mismos.

Los experimentos con animales han sido realizados en el Pabellón de Animales de Experimentación (Nº de Registro Oficial EX-011-U) del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la UCM. Tanto en la manipulación como en el desarrollo del trabajo experimental, se observaron con el máximo rigor, las medidas contempladas en el R.D. 223/88 que regula la Utilización y la Protección de los Animales de Experimentación.

Para esta investigación se han utilizado 150 ratas ra de 230-250 g de peso que se alojaron en una habitación con ambiente controlado, en grupos de cinco animales por jaula, siendo alimentadas con pienso en forma de pellets y agua, ambos ad libitum.

Se administraron tres tratamientos distintos:

Tratamiento I (n=50): a 25 ratas control se les administró 1 ml de solución salina por vía oral y 25 ratas problema a las que se les administró una dosis de clenbuterol de 10 microgramos/Kg de peso vivo, por vía oral, durante 45 días.

Tratamiento II (n=50) a 25 ratas control se les administró 1 ml de solución salina por vía oral y 25 ratas problema a las que se les administró una dosis de clenbuterol de 10 microgramos/Kg de peso vivo, por vía oral, durante 45 días. En el día 35 de la experimentación se les administró por vía subcutánea una única dosis de 0,1 mg/kg de Dexametasona.

Tratamiento III (n=50) a 25 ratas control se les administró 1 ml de solución salina por vía oral y 25 ratas problema a las que se les administró 1 ml de solución salina, por vía oral, durante 45 días. En el día 35 de la experimentación se les administró por vía subcutánea una única dosis de 0,1 mg/kg de Dexametasona.

Los animales fueron pesados semanalmente.

A cada hembra se le realizaron 8 tomas sanguíneas: una basal, la segunda 1 hora después de administrar el tratamiento por primera vez y las restantes semanalmente hasta el final del tratamiento. Con el fin de investigar si los efectos causados por los tratamientos eran reversibles o no, después de un periodo de retirada, las ratas fueron sacrificadas en los días 0, 5, 10, 15 y 20 de retirada. En los sacrificios se tomaron muestras de sangre, ovarios y glándulas adrenales.

1º Curvas de crecimiento de los animales (curvas ponderales). Se ha observado un incremento de peso en los animales tratados respecto a los controles, ya desde la primera semana de tratamiento (tratamientos I y II). Esta diferencia presenta significación estadística (p< 0,01), que se mantiene constante, desde la tercera semana de tratamiento (P-3), hasta el momento de la retirada (R-0). A partir de aquí, los animales del tratamiento I comienzan a perder peso y se igualan a los controles, el día 20 de retirada. En las ratas del tratamiento II la ganancia de peso se sigue manteniendo durante todo el periodo de retirada. Las ratas del tratamiento III experimentan una ligera disminución de peso respecto al grupo control, después de la inyección con dexametasona, que se mantiene durante todo el periodo de retirada, pero esta pérdida de peso en ningún momento es estadísticamente significativa.

El hecho de que los animales del tratamiento II experimenten una persistencia, estadísticamente significativa (p< 0,01) en la ganancia de peso durante todo el periodo de retirada, es importantísimo y, pensamos que aaacute;s es paradójico, puesto que parece que la dexametasona, que es un compuesto catabólico, mantiene el efecto promotor del crecimiento del clenbuterol a pesar de que hayan transcurrido 20 días de la retirada de éste. Nuestra hipótesis es que la dexametasona sensibiliza y estimula de forma continuada, la funcionalidad de los receptores beta adrenérgicos musculares, puesto que tal y como señalan Sillence et al., (1995) y Huang et al., (2000), los glucocorticoides regulan el número de receptores beta-adrenérgicos musculares. Abraham et al., (2004) han demostrado que la dexametasona, es capaz de estimular tanto la unión del clenbuterol a los receptores beta-adrenérgicos de los linfocitos equinos, como el mecanismo de acción del clenbuterol en estas células. Estos resultados podrían ser aplicables al músculo.

2º Efecto sobre la endocrinología de la glándula adrenal: se han determinando las concentraciones plasmáticas de: ACTH, epinefrina y norepinefrina y corticosterona; esta hormona también se ha determinado en homogeneizados de la glándula adrenal.

Las concentraciones plasmáticas de ACTH se elevan significativamente 1 hora después de administrar el clenbuterol, manteniéndose elevadas hasta el día 5 de retirada. La administración de dexametasona en el tratamiento II hace que la ACTH comience a disminuir desde el día de la inyección, igualándose a las concentraciones de los controles el día 5 de retirada. En las ratas del tratamiento III, se observa el efecto supresor de la dexametasona sobre el hipotálamo y la hipófisis manteniéndose significativamente disminuídas las concentraciones de ACTH durante todo el periodo de supresión del tratamiento. Las concentraciones de Epinefrina y norepinefrina, muestran un patrón similar al de la ACTH en los tratamientos I y II. La dexametasona produce un aumento significativo de las concentraciones de epinefrina hasta los 15 días post-retirada, sin embargo no se observa ningún efecto estimulador de este glucocorticoide sobre la secreción de norepinefrina. El patrón de secreción plasmático de la corticosterona, es asimismo, muy similar al de la ACTH, alcanzando los valores máximos a la quinta semana de tratamiento (T6). Durante el periodo de retirada la corticosterona comienza a descender paulatinamente, en el caso del tratamiento con clenbuterol equiparándose a los controles el día 20 de retirada (R20). En el caso del tratamiento II, los valores de corticosterona permanecen significativamente elevados el día 5 de retirada (R5), para disminuir bruscamente el resto del periodo de supresión, por debajo incluso de los valores de los controles, aunque esta disminución sólo presenta significación estadística, en el día 15 de retirada (R15). En el caso del tratamiento III, se comprueba perfectamente el efecto supresor de este fármaco sobre la glándula adrenal, puesto que las concentraciones de costicosterona están significativamente disminuidas (p<0,01) y, además, la supresión se mantiene hasta el final, puesto que ni con 20 días de retirada, las concentraciones de corticosterona vuelven a los valores de los controles.

Los resultados obtenidos indican que, en la rata, el clenbuterol produce una hiperestimulación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal en términos de síntesis y liberación de todas las hormonas analizadas, al torrente circulatorio. Aunque no es fácil explicar el efecto del clenbuterol sobre la función adrenal, pensamos que, a la vista de los resultados, esta hiperestimulación de la glándula adrenal puede tener origen central y local. La dexametasona produce la alteración del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal (HHA), provocando la supresión de la secreción de CRH y ACTH. En el tratamiento con la asociación de clenbuterol y dexametasona, los resultados aún son más confusos, puesto que en un primer momento, parece que la liberación de corticosterona al torrente circulatorio, sigue estando potenciada por el clenbuterol, ya que todavía en el día 5 de retirada del tratamiento, los niveles plasmáticos de corticosterona, permanecen significativamente elevados. Después este efecto desaparece y parece predominar la actuación de la dexametasona , al disminuir tanto los niveles plasmáticos como tisulares (R10 y R15), respecto a los grupos control y tratamiento I, para equiparase todos los grupos, excepto el de dexametasona a los 20 días de retirada.

3º Efecto sobre la endocrinología del ovario: los análisis hormonales han mostrado que las concentraciones plasmáticas de progesterona y 17ß-estradiol, son muy variables aumentando, unas y disminuyendo otras. El tratamiento I produce una disminución significativa de las concentraciones de progesterona ya desde la T1, manteniéndose así hasta el final del periodo, de tratamiento, en el que la desaparición de la significación estadística con los controles parece ser debida más a la disminución de los niveles plasmáticos de progesterona que experimenta el grupo control que al aumento de las concentraciones hormonales de las hembras del tratamiento I. Durante el periodo de retirada, las concentraciones plasmáticas de este grupo no experimentan grandes cambios, aunque se observa que aumentan entre los días 10 y 20. En el tratamiento II, la evolución de las concentraciones plasmáticas de progesterona es muy variable, experimentando elevaciones significativas respecto a los controles. En los días 0 y 5 de retirada, la progesterona está elevada respecto al grupo control, aunque esta elevación sólo es significativa el día 5. Posteriormente, la progesterona desciende y vuelve a aumentar el día 20, en el que se observan diferencias significativas con los restantes grupos. En el tratamiento III la progesterona experimenta una subida estadísticamente significativa con el resto de los grupos el día de la retirada del tratamiento. Las máximas concentraciones de progesterona se miden el día 5 de retirada. Después, en las restantes tomas de este periodo de retirada, las concentraciones plasmáticas de progesterona van aumentando y disminuyendo, pero ya sin significación.

Todos los tratamientos estimulan la secreción de 17ß-estradiol. En el tratamiento I se observa que a partir de la tercera semana, las concentraciones plasmáticas de esta hormona experimentan una espectacular subida que se mantiene hasta los 15 días post-retirada. En el Tratamiento II las concentraciones plasmáticas de estradiol se mantienen significativamente elevadas, respecto al grupo control, durante toda la fase de retirada. La dexametasona también produce una elevación significativa de las concentraciones de esta hormona, ya desde una hora post-inyección, aunque el patrón es muy distinto al que se observa en los restantes tratamientos, puesto que las mayores concentraciones se miden a los 10 días de retirada del mismo. Al final del periodo de retirada, las concentraciones de estradiol sólo se equiparan en los grupos control y tratado con clenbuterol.

Se ha observado en distintas especies que la administración de ß-agonistas produce una estimulación sobre la esteroidogénesis gonadal. Sinargo, en la rata aparecen datos contradictorios. Algunos autores (Re et al., 1993), señalan que se producen alteraciones en el sis reproductor de las ratas ras adultas y una disminución de las concentraciones plasmáticas de estradiol y progesterona, que hacen pensar seriamente en una disminución de la funcionalidad ovárica. Sinargo, el aumento de estradiol observado por nosotros, es indicativo de la intensa estimulación adrenérgica a la que están siendo sometidos los folículos grandes del ovario. Las bajas concentraciones plasmáticas de progesterona concuerdan con la detención de la ciclicidad de estas ras. Las acciones de la dexametasona sobre el ovario son confusas, puesto que se ha comprobado que puede actuar directamente sobre la función ovárica estimulando la esteroidogénesis folicular, (Urban et al., 1994, Huang y Li, 2001). Otros autores han comprobado que la dexametasona produce en las ras anestros prolongados e infertilidad (Behrend et al., 1997), lo que concuerda con nuestros resultados. Los resultados del tratamiento II muestran que la asociación de fármacos influye sobre la funcionalidad gonadal, aunque hormonalmente, los efectos son intermedios entre los de un tratamiento y otro. El patrón plasmático de las dos hormonas permite comprobar que así como en el caso del grupo tratado con clenbuterol, las hembras sí recuperan la ciclicidad, ésto no se produce con la asociación de fármacos, ya que es posible que el efecto de la dexametasona sobre el ovario, impida revertir los efectos causados por el clenbuterol en el ovario, lo que hace que estas hembras no recuperen la funcionalidad endocrina gonadal.

CONCLUSIONES

Los resultados obtenidos muestran que la administración de clenbuterol, a dosis anabolizante, sólo o asociado a dexametasona, causa una alteración de la funcionalidad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal-gónada en la rata, que en unos casos es reversible, después de un periodo de retirada y en otros no. Un hecho muy importante es que la asociación de clenbuterol y dexametasona, provoca un efecto promotor del crecimiento más acusado y sostenido, ya que se ha comprobado que mientras que a las 24 horas de la retirada del clenbuterol, el efecto promotor del crecimiento ha desaparecido, los dos fármacos asociados mantienen la ganancia de peso incluso 20 días después de la retirada del tratamiento y, además, esta asociación potencia la velocidad de eliminación del clenbuterol en los órganos en los que se encuentra acumulado, sin que hasta el momento se haya encontrado una explicación a este fenómeno.

Las alteraciones encontradas en la funcionalidad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal-gonada, nos hacen sospechar que tras la utilización de promotores del crecimiento, como el clenbuterol, el bienestar animal y, posiblemente la salud, puede estar seriamente comprometido. Además, la asociación de otros compuestos que, en teoría, no presentan carácter anabolizante como son los glucocorticoides de síntesis (dexametasona), no sólo incrementa el efecto promotor del ß-agonista, sino que impiden su detección o cuantificación en los órganos y tejidos que se utilizan para detectar tratamientos fraudulentos con estas sustancias, mientras que el efecto promotor del ß-agonista sigue activo.

Concluimos diciendo que aunque los resultados encontrados hasta el momento son muy esclarecedores, nos proponemos ampliar estas investigaciones y extenderlas a otras especies animales como es por ejemplo el ganado vacuno.

Muchas gracias por su atención.

He dicho.

BIBLIOGRAFÍA

ABRAHAM, G., GOTTSCHALK, J. and UNGEMACH, F.R. (2004). Pharmacol. 72 (3): 196-204.

AGUADO, L.I., PETROVIC, S.L. and OJEDA, S.R. (1982). Endocrinol. 110: 1024-1032.

BEERMAN, D.H., BUTLER, W.R., HOGUE, D.E., FISHELL, V.K., DALRYMPLE, R.H., RICKS, C.A. and SCANES, C.G. (1987). J. Anim. Sci. 65: 1514-1524.

BEHREND, E.W. and KEMPPAINEN, R.J. (1997). En: The Veterinary Clinics of North America. Ed. PP Kintzer. WB Saunders Co. Philadelphia, pp: 187-213.

BIOLATTI, B., BOLLO, E., APPINO, S. And DONN, A. (1994). Med. Vet. 11: 241-248.

DUNCAN, I.J.H. and DAWKINS, M.S. (1983). En: Indicators relevant to farm animal welfare. Ed. Martinus Nijhoff Publishers.

FERNÁNDEZ, C. and SÁINZ, R.D. (1997). Proc. Soc. Exp. Biol. Med. 214: 242-247.

GROOT, MJ, SCHILT, R, OSSENKOPPELE, JS, BERENDE, PLM, and HAASNOOT, W (1998). J. Vet. Med. A 45: 425-440.

GUYER, G. AND MILLER, M.A. (1995). En: Hafs HD, Zimbelman R (eds): Low Fat Meal: Desing Strategies and Human Implications. New York, Academic Press, pp: 53-63.

HANRAHAN, J.P. (1986). En: Recent advances in animal nutrition. Butterworths, Londres, pp: 125-138.

HUANG, H., GAZZOLA, C. PEGG, GG and SILLENCE M.N. (2000). J. Anim. Sci. 78: 604-608.

HUANG, T.J. and LI, S. (2001). Biol Reprod. 64: 163-170.

ILLERA, J.C., SILVÁN G., BLASS, A., MARTÍNEZ, M.M. and ILLERA, M (1998). Analyst 123: 2521-2524.

ILLERA, J.C., SILVÁN G., MARTÍNEZ, M.M, BLASS, A., LORENZO, P.L. and ILLERA, M (2003,a). Anal. Chim. Acta 483: 225-232.

ILLERA, J.C., SILVÁN G., MARTÍNEZ, M.M., CONLEY, A.J. CORBIN, J., BLASS, A., LORENZO, P.L. and ILLERA, M. (2003,b) Anal. Chim. Acta 483: 233-240.

ILLERA, J.C., SILVÁN G, MARTÍNEZ, M.M., and PEÑA, L. (2005). J. Physiol. Biochem. 61: 429-438.

JESSOP, D.S. (1999). Clin Endocrinol. 13: 491-501.

KEARNS, C.F., McKEEVER, K.H. MALINOWSKY, K. STRUCK, M.B. and ABE, T. (2201). J. Appl. Physiol. 91: 2064-2070.

L UESO SORDO, M.J. and GÓMEZ BERZAL, M.A. Mundo Ganadero 7: 12-16.

MALTIN, C.A., DELDAY, M.I., HAY, S.M. INNES, G.M. and WILLIAMS, P.E.V. (1990). Brit. J. Nutr. 63: 535-545.

MARTÍNEZ-NAVARRO, JF (1990). Lancet 36: 1311.

MILLER, M.F., CROSS, H.R. WILSON, J.J. and SMITH, S.B. (1989). J. Anim. Sci. 67: 928-933.

RE, G., BADINO, P., DACASTO, M., RACCA, S. VALENZA, F. And Di CARLO, F. (1993). Am J. Vet. Res. 54: 438-442.

REEDS, P.J., HAY, S.M., DORWOOD, P.M. and PALMER, R. (1986). Brit. J. Nutr. 56: 249-258.

RICKS, C.A. DALRYMPLE, R.H., BAKER, P.K. and IINGLE, D.L. (1984). J. Anim. Sci. 59: 1247-1255.

SILLENCE, M.N., REICH, M.M. and THOMPSON, B.C. (1995). Am. J. Physiol. 268: E1077-E1082.

SPORANO, V., GRASSO, L. ESPOSITO, M., OLIVEIRO, G. BRAMBILLA, G and LOIZO, A. (1998). Vet. Human. Toxicol. 40: 141-143.

TOHEI, A, TOMABECHI, T, MAMADA, M, AKAI, M, WATANABE, G, and TAYA, K (1997). J. Vet. Med. Sci. 59: 329-334.

URBAN, RJ, BODENBURG, YH, NAGAMANI, and M, PEIRCE, J (1994). Am. J. Physiol. 267: E115-E123.

WILLIAMS, PEV. (1987). Nutr. Abst. Rev. (series B) 57: 453-464.

YANG Y.T. and McELLIGOT, M.A. (1989). Biochem. J. 261: 1-10.