Perspectivas de la educación e investigación veterinaria en Europa

Perspectivas de la educación e investigación veterinaria en Europa

Heriberto Rodríguez Martínez

Catedrático de Biotecnología de la Reproducción

24.05.2006

Departamento de Ciencias Clínicas, Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencia Animal, Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU), Ullsväg. 14 C, Box 7054, SE-750 07, Uppsala, Suecia (heriberto.Rodrí[email protected])

“Habiendo sido admitido a la profesión de la medicina veterinaria, yo juro solemnemente que usaré mis conocimientos científicos y habilidades en beneficio de la sociedad mediante la protección de la salud animal, el alivio del sufrimiento de los animales, la conservación de los recursos animales, la promoción de la salud pública, y el avance en los conocimientos médicos. Ejerceré mi profesión concienzudamente, con dignidad, y manteniendo los principios de la ética medica veterinaria. Acepto como una obligación de por vida la mejora continua de mis conocimientos y competencia.”

Todos los médicos veterinarios, de una u otra manera, en público o en forma privada, hemos jurado estas frases solemnes, que exponen la esencia, el pilar de las ciencias veterinarias… la medicina comparada. No solo asumimos la responsibilidad permanente de luchar por la vida animal, tanto de animales domésticos como salvajes así cómo de la humana, sino que también juramos, por vida, contribuir a la generación de la ciencia y la experiencia probada sobre las cuales se apoya nuestra educación universitaria.

La educación veterinaria se estableció en Europa hace más de 250 años. Desde entonces, veterinaria se ha desarrollado como la ciencia que alcanza, en muchos campos, dimensiones frontales y se ha establecido como una profesión respetable. La medicina veterinaria puede jactarse de sus logros. El estado de la salud animal en la Unión Europea es buena comparada internacionalmente, algo que se refleja en nuestra salud pública. Por ejemplo, el uso cada vez más restringido de antibióticos en animales productores de alimentos ha frenado la evolución de resistencia antimicrobiana, uno de los fantasmas que vemos aparecer a nivel global. Sin embargo, no debemos bajar la guardia pensando que esta situación es estática. La posición de la medicina veterinaria como salvaguarda de la salud pública depende de nuestra capacidad de educación adecuada de pre- y post-grado, así como nuestra capacidad de generar ciencia y tecnología de alto valor para la salud pública.

Los animales domésticos son de alto valor para el humano. No sólo producen alimentos sino también satisfacen nuestra recreación y, por ende contribuyen a nuestro beneficio físico, psíquico y social. Como contrapartida, desde que domesticó al animal, el hombre echó sobre sus hombros la responsabilidad de que los mismos se traten con respeto, como se debe tratar a todo organismo viviente. La medicina veterinaria es, y continuará siendo, una ciencia multifacética, que debe desarrollar y mediar nuestro conocimiento sobre la cría óptima y la protección animal así como sobre la prevención y el tratamiento de enfermedades que puedan aquejarles.

El establecimiento de la educación veterinaria en Europa fue la respuesta de la sociedad a su necesidad de proveerse de artesanos que fueran capaces de tratar las enfermedades animales del momento. Las afecciones animales, causaban enfermedades, desnutrición y miseria económica. La sociedad, sencillamente, no tenía otra opción que cambiar esta situación. Se necesitaba competencia para diagnosticar, pero -sobre todo- prevenir las pestes que azotaban los animales con que los humanos cohabitaban y de los cuales se nutrían, tanto aquellos que habían sido domesticados como los animales salvajes que cazaban. Este recordatorio histórico tiene aún validez. Con frecuencia recibimos noticias de brotes de enfermedades infecciosas (como la enfermedad de las vacas locas o la gripe aviar, por ej.), las cuales preocupan a los consumidores y golpean económicamente a los productores (lo que a su vez afecta, secundariamente a la sociedad). También constatamos que no siempre estamos preparados para su diagnóstico o su prevención. Hemos perdido parte de nuestra perspectiva para comprender como la globalización no sólo brinda bienestar sino que también afecta la interacción poblacional, humana y animal, aumentando nuestra exposición al deterioro ambiental, no importa donde éste ocurra.

Sin embargo, la medicina veterinaria ha sido moldeada, en forma creciente, copiando la profesión médica humana, tanto en su educación, su nivel de especialización, sus perfiles profesionales y regulatorios. Casi podríamos decir que, en muchos ámbitos, nuestra cultura profesional es una copia de la medicina humana. Este desvío lo vemos, claramente funcional, en el área de animales de compañia, un área que involucra la mayoría de nuestros egresados y compromete seriamente nuestras posibilidades de adaptar nuestra educación y nuestra investigación en otras áreas, afectando particularmente la educación e investigación en medicina comparada, el propio cimiento de las ciencias veterinarias.

Esta presentación tiene como interés discutir distintos aspectos de la relación simbiótica entre la medicina veterinaria y la salud pública en un mundo cada vez más globalizado. Pretende asimismo, quizá en forma un tanto provocativa, verter mi opinión personal acerca de nuestras dificultades -como veterinarios- para participar activamente en ciertas áreas de investigación a nivel Europeo y cómo las mismas son consecuencia de una educación de pre-grado que sigue, en muchos aspectos, copiando a la medicina humana. Intento argumentar que el futuro de la medicina veterinaria está ligado a nuestra capacidad, como educadores e investigadores, de defender nuestro mayor capital, la medicina comparada.

La salud pública en un mundo globalizado

La acción colectiva por parte de la sociedad para proteger y promover la salud de su población, define el término de “Salud Pública”. Dicha acción colectiva incluye no sólo el clásico control de las enfermedades infecciosas sino también el control legislativo de poblaciones y del medio ambiente y los cambios en el comportamiento individual. La globalización, el proceso complejo que está cambiando la naturaleza de la interacción humana en una extensa serie de esferas (económicas, políticas, sociales, culturales, tecnológicas y ambientales), ha erodado fronteras tradicionales que separaban individuos y sociedades e incide, en forma creciente, sobre la salud pública.

Nuestra percepción primaria de la globalización es que “nuestro espacio físico es el mundo entero”. ya que cada vez viajamos más, nos comunicamos con más gente y con mayor rapidez y podemos vender y comprar cualquier cosa en, o de cualquier lugar. Parece como si el mundo dejase de estar separado por las 190 fronteras territoriales que aún posee. El desarrollo de los medios de comunicación por satélite y la internet, permite el envío y la recepción de mensajes en microsegundos. La masificación del transporte a nivel mundial permite viajar a muchos lugares distantes en pocas horas y a precios cada vez más accesibles. La globalización implica, en este sentido, un aumento de la frecuencia de la interacción humana y por ende una intensificación del contacto entre humanos, no sólo físicamente, sino también via de la información que generamos, la cual es excesiva y redundante. Por ejemplo, sólo en el área de medicina veterinaria se publican entre 15 y 20 mil artículos científicos por mes. Interactuamos más, pero necesitamos más tiempo (que parece que no tenemos) para poder absorber este flujo informático.

La globalización afecta varios determinantes de salud, tanto de orden genético, biológico, social o del medio ambiente. Así tenemos su impacto sobre las enfermedades transmisibles, como la tuberculosis, la malaria o el cólera, donde la globalización –a consecuencia del aumento en la movilidad de humanos, plantas o animales entre países- ha facilitado su resurgimiento en áreas libres. La globalización ha incrementado -a causa directa de cambios globales en los cánones de alimentación, del estrés relacionado con la comunicación acelerada y el exceso de información o de los medios de transporte y su impacto sobre el medio ambiente- el número de individuos afectados por enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardiovasculares, ciertas formas de cáncer, la obesidad etc, muchas de las mismas en relación directa con cambios globales de estilo de vida y del medio ambiente en que nos encontramos.

La provisión de productos alimenticios y los patrones de nutrición no han escapado al proceso de globalización, la cual ha afectado en forma crucial cómo la comida es producida, procesada, comercializada y consumida a nivel mundial. Históricamente, aunque el comercio siempre existió, la mayor parte de nuestra comida era producida y consumida localmente. Durante el siglo pasado, sin embargo, la comida se convirtió en una industria global dominada por compañías multinacionales que están constantemente buscando donde producir más barato y vender a nivel global, en los mercados más lucrativos. Independientemente de nuestra percepción propia sobre los valores económicos de esta tendencia y su impacto sobre las distintas economías del mundo, la globalización creciente de la industria alimentaria impone una serie de amenazas sobre la salud pública.

El sector de agricultura y producción animal en los países desarrollados concentra, desde hace décadas, cada vez más los centros de producción y la intensidad de la misma al mismo tiempo que globaliza el intercambio de productos alimentarios. Obviamente, esta actividad tiene beneficios, con una mayor disponibilidad de frutas frescas y vegetales en cualquier momento del año. Sin embargo, los métodos modernos de producción han envuelto prácticas como el uso discriminado de pesticidas, antibióticos y hormonas; la producción no diversificada (vegetales y granos), la incorporación de GMO´s y la producción animal con carácter de “fábrica”, todos los cuales imponen amenazas para la salud animal y humana así como la repulsa por parte de un número creciente de consumidores. La presencia de crisis y su enorme publicidad (por ejemplo la encefalopatía espongiforme bovina [BSE, enfermedad de la vaca loca]) ha incrementado las reacciones ciudadanas respecto a los procedimientos de producción animal en general. A consecuencia de la forma en que los productos alimentarios se procesan a nivel global en forma integrada (producción primaria en cualquier lugar del mundo, procesado en fábrica o vendido a procesadores o vendedores en segunda y tercera cadena) se determina la aparición de uno de los mayores riesgos para la salud pública: la dificultad creciente de los sistemas de salud pública nacional de poder controlar la presencia y diseminación de agentes nocivos en productos distribuídos globalmente.

La salud del ecosistema

La relación entre alimentación, globalización y salud pública es compleja e incluye factores como la nutrición, estilos de vida y salud del medio ambiente. Este último incluye la calidad del agua, del aire, del terreno, del flujo de alimentos y de la vivienda, todo en relación directa con el uso (y abuso) de los mismos y de los residuos que nuestra sociedad genera. Las condiciones globales y los cambios que nosotros mismos generamos en ellas afectan a corto- y largo plazo, la salud pública. Ejemplos de efectos a corto plazo los vemos en desastres naturales o causados por el hombre (iatrogénicos) que ocasionan emergencias de salud pública a causa directa de la falta de agua, de alimentos, de condiciones sanitarias y de atención médica. Si bien la mayoría de éstos desastres se contienen dentro de las fronteras de países, algunos se hacen regionales. Efectos a largo plazo son menos frecuentes, pero alarmantes. Ejemplos de ellos los tenemos en Chernobil (Ucrania, 1983), la contaminación creciente del medio ambiente por disruptores endócrinos o el proceso de cambio climático global (efecto de invernadero o de aumento global de temperatura), los cuales aparejan cambios en la distribución de enfermedades tanto transmisibles (debido a la migración de poblaciones de zonas afectadas) o no-transmisibles (cáncer de piel, disminución de la eficiencia reproductiva etc).

En suma, vivimos una etapa histórica de transición en la salud de poblaciones. Por un lado hemos visto un aumento de las tasas de expectancia de vida a nivel mundial. Por otro lado, las tasas de fertilidad están disminuyendo, el perfil de las mayores causas de muerte y de enfermedad ha cambiado, el patrón de enfermedades infecciosas se ha hecho más lábil (al mismo tiempo que la resistencia antimicrobiana está aumentando) y la desigualdad de salud entre los ricos y los pobres persiste. Obviamente, ya que la salud pública fue definida como el arte y la ciencia de prevenir enfermedades, promover la salud y extender la vida a través de los esfuerzos organizados de la sociedad, tenemos aquí que reconocer que sólo podremos llegar a estos objetivos por medio de la acción coordinada, simbiótica, de todas las fuerzas relacionadas con la promoción y salvaguarda de la salud animal de poblaciones, tanto la humana, como la de los animales domésticos y salvajes.

La medicina veterinaria y la salud

uacute;blica

El médico veterinario es un profesional cuya responsibilidad primaria es la protección de la salud y el bienestar animal de los animales y del humano. Los veterinarios diagnostican y controlan enfermedades animales, tratan animales enfermos o heridos, previenen la transmisión de enfermedades animales que puedan transmitirse al humano (zoonosis) y educan a los propietarios respecto al debido cuidado de sus animales. Los veterinarios también están envueltos en la preservación de la fauna salvaje y en la conservación de la salud de la población humana. Con esta definición de las actividades de un veterinario resulta natural que el término “Salud Pública Veterinaria” se escuche con creciente frecuencia. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) define la Salud Pública Veterinaria como “la suma de todas las contribuciones al bienestar físico, mental y social de los humanos a través del entendimiento y la aplicación de las ciencias veterinarias”.

La salud humana está relacionada en forma directa con la salud animal y la producción de alimentos de origen animal (e, indirectamente, de origen vegetal). Este nexo entre las poblaciones humanas y animales, así como con el medio ambiente que les rodea es ineludible, independientemente de que nos encontremos en poblaciones rurales o en metrópolis. En las primeras el nexo es más tangible, pero no desaparece en las grandes ciudades donde la producción animal es la que provee de productos cárnicos, huevos, leche y subproductos. Asimismo, este nexo también puede conducir a riesgos para la salud pública, con consecuencias médicas, sociales y económicas.

Alrededor del 75% de las enfermedades “nuevas” que han afectado al humano durante los últimos 10 años han sido causadas por patógenos que afectaban originariamente un animal o productos de origen animal. Con el grado de globalización reinante, muchas de éstas enfermedades tienen el potencial de diseminarse en forma rápida y extensa (tomemos la gripe aviar como ejemplo más reciente). En forma aditiva, un número de enfermedades animales bien conocidas y prevenibles pueden ser transmitidas al humano como la rabia, la brucelosis, la leishmaniasis o la equinococosis. Dichas zoonosis, más comunes en países subdesarrollados, causan una gran cantidad de muertes y afectan a millones de individuos anualmente. Todas estas enfermedades zoonóticas, y se conocen más de 100, impiden la producción eficiente de alimentos de origen animal y crean obstáculos al comercio internacional.

Nuestro afán de garantizar un aumento del bienestar humano, de nuestra capacidad y deseo de aumentar los niveles de producción de alimentos y de controlar y hasta eliminar vectores de enfermedades parasitarias e infecciosas ha mostrado tener dos caras. Por una parte hemos logrado eliminar mosquitos vectores y parásitos que arruinaban nuestra producción animal o permitian la diseminación de enfermedades, usando agentes químicos como el DDT. De la misma manera hemos logrado dominar el uso de productos plásticos los que son utilizados en la industria alimenticia, en medicina etc. Productos como los eftalatos permiten la producción de sondas o catéteres plásticos de alta flexibilidad, o de filmes plásticos para empaquetar alimentos de alto valor práctico. Nos desprendemos diariamente de enormes cantidades de residuos algunos de los cuales quemamos para disminuir su volumen, o para producir energía que usamos para la calefacción de nuestros hogares.

Todo ésto tiene su otra cara. El DDT y sus metabolitos han causado tantos problemas toxicológicos, incluyendo efectos deléteros en la reproducción de especies silvestres que han llegado a la merma de muchas especies, a defectos de los órganos reproductivos de peces, de aves, de focas, etc. La acumulación de metales pesados ha causado problemas reproductivos afectando el testículo en especies silvestres y de ganado pastando en forma extensiva. La presencia de ciertos residuos de la industria plástica en el medio ambiente, como las moléculas que actúan como disruptores endócrinos por su capacidad de competir por los mismos receptores de hormonas sexuales a nivel de los órganos blanco en especies silvestres y de producción de alimentos para humanos, han atraído la atención de biólogos, veterinarios y médicos. Uno de los escenarios presentes es la disminución de la calidad seminal en humanos y en animales, la feminización de peces y reptiles (por ejemplo en caimanes y tortugas), lo que ha impuesto un área de investigación creciente en la Unión Europea. Se necesitan estudios independientes a los efectos de proveer modelos metodológicos adecuados antes de extrapolar efectos en el medio ambiente a especies domésticas y al humano.

La medicina veterinaria ha sido fuente repetida de modelos experimentales adecuados para estudios comparativos. Ejemplos de los mismos son las patologías de base genética (retinopatías en felinos, condropatías en cánidos y cerdos), las relaciones entre estrés, obesidad e infertilidad femenina en rumiantes o las de sobre-productividad, trastornos endocrinológicos y sub-fertilidad como se ven en ganado lechero. En el caso del sexo masculino encontramos la presencia creciente de tumores testiculares en ciertas especies al mismo tiempo que aumenta el cáncer testicular en humanos, en relación presumible –aún no totalmente probada- con una gamma de disruptores endócrinos ambientales.

Investigación prioritaria, estamos preparados para participar?

En algunas áreas, sín duda, en otras quizá sólo por el momento. Un análisis primario de la participación efectiva de investigadores con formación veterinaria en programas de investigación considerada esencial para la sociedad en países desarrollados (Norte América, Japón, la propia UE) arroja resultados no demasiado esperanzadores. El número de los mismos envueltos en proyectos directamente relacionados con la salud de los ecosistemas, la biología de la conservación de poblaciones, la interacción entre patologías de animales salvajes y domésticos, de biología infecciosa, genómica e incluso de epidemiología de poblaciones ha ido disminuyendo en forma alarmante. Por otra parte, éstas áreas han ido cobrando auge con las recientes historias de zoonosis (SARS, viruela en monos, wasting disease, BSE, gripe aviar, etc), de incidencia de disruptores endócrinos sobre la salud animal y humana, etc, etc, y están presentes entre otros en los programas marco de la Unión Europea, y aparecen prioritarias, por su carácter de importancia social, en las definiciones del Consejo Científico Europeo (ERA). Tenemos, sin duda, muchos grupos investigadores de alto impacto en éstas áreas, pero pocos tienen formación veterinaria. Estamos fallando en la preparación de investigadores en éstas líneas de investigación? Es esa falla primariamente de educación de post-grado? Mi respuesta a éstas dos preguntas es ambigua. Sí, si estamos fallando, pero no solamente a nivel de educación de post-grado. Mi percepción es que dichas áreas han perdido terreno en la educación veterinaria, con la consecuencia lógica, de la merma en investigación y, por ende, de la formación de investigadores.

Tendencias en educación veterinaria de pre-grado

Si presupos que la profesión veterinaria juega, tal como se define en nuestro propio juramento veterinario, un rol social importante manteniendo la seguridad biológica de los recursos animales y su interacción con los biosistemas de los cuales nosotros mismos somos miembros, resulta sorprendente, inexplicable y hasta hipócrita, que no hayamos tenido un rol más activo en el debate social y político existente en áreas de biodiversidad, salud de los ecosistemas y su influencia sobre la salud animal y pública. Asimismo, resulta inaudito que no nos hayamos involucrado más en los estudios comparados de poblaciones con especies múltiples. Justamente nosotros los veterinarios, los que teóricamente hemos sido formados en programas donde los aspectos comparativos entre especies definen nuestra educación. Interesante es el hecho de que las propias organizaciones de productores agrícolas, ya presionan a sus gobernantes para ser pagados por asegurar que sus propiedades producen servicios aditivos para la rehabilitación humana, para la mantención de biosistemas, de especies salvajes, y no sólo por la producción de alimentos. El concepto de manejo de la salud del sistema agroecológico ya se está haciendo rentable.

Qué dicen los educadores? Algunos han reconocido nuestro fallo en el acomodo de las crecientes necesidades sociales en salud pública, producción de alimentos de origen animal y ciencias biomédicas. Ellos se han comprometido y trabajan arduamente para mantener nuestro rol en este debate, de crucial importancia para la sociedad y la ciencia animal. Otros nos hemos mantenido en una educación veterinaria conservadora

La mayoría de las facultades de medicina veterinaria en Europa (y a nivel global) proveen educación en un entorno académico y profesional que exalta la cultura de la práctica privada y que cada vez más imita la profesión médica humana, una profesión centrada en una sola especie animal, cada vez más especializada y con un sistema de financiación escalante, de varias fuentes, y -por ende- notoriamente más solvente del que “gozan” los Decanos de las facultades de veterinaria.

Un número cada vez mayor de facultades abandonan el concepto de “disciplina” (médica, quirúrgica, patología, reproducción, etc) cuyo componente comparativo era el cimiento sobre el cual esas asignaturas se basaban, para pasar al concepto de “especies”, a veces más de una (rumiantes) pero en general con una tendencia creciente a la educación y práctica, cada vez más especializada, de una sola especie. Asimismo, se crean cada vez más y más hospitales veterinarios, cuya evolución muestra dos caras, una que se considera positiva y otra no tanto. La presumible buena noticia es que hemos sido extremadamente exitosos en el desarrollo de una medicina clínica que sigue, en forma cada vez más estricta, el modelo de la medicina clínica humana, y que encuentra aplicación directa en pequeños animales y equinos. Para resaltar más aún la similitud, el incremento de entrenamiento de residentes en Europa yA alcanza en muchos lugares niveles comparables a los registrados en Norte América, donde el sistema y hasta el lenguaje de trabajo es prácticamente el mismo entre un hospital humano y uno veterinario. El grado de especialización es cada vez mayor, en muchos casos acelerado e impuesto por los mismos docentes (no necesariamente requerido por los estudiantes). Y aquí comienzan a verse las no tan buenas noticias…

La educación clínica “hands-on” es un componente esencial del currículo veterinario. Los hospitales veterinarios proveen, en el mejor de los casos, pero cada vez menos -ya que el ritmo de trabajo y el grado de especialización requerido es creciente- experiencia “hands-on” en pequeños animales, equinos y algunos animales de producción. Debido a que incluso en éstas especies las posibilidades de entrenamiento adecuado (grupos pequeños, tiempo suficiente de dedicación, casos primarios, número adecuado de docentes) están mermando, las mismas facultades promueven la educación extra-mural, no siempre bajo un sistema de control de calidad adecuado. La peor de las noticias es que los hospitales veterinarios ofrecen cada vez menos, y en muchos casos ni siquiera son capaces, de proveer el entrenamiento ni la experiencia clínica básica en áreas de salud animal en animales de producción, medicina de poblaciones, salud de ecosistemas (incluyendo animales salvajes y medicina cigenética) o en ciencias biomédicas, perdiendo así las posibilidades de educación en medicina comparada.

La medicina comparada es el estudio de fenómenos de enfermedad básicos a todas las especies, a niveles de organismo, población y de ecosistema, así como su aplicación en el mantenimiento de la salud animal (y por prolongación, de la humana). La medicina comparada no es una rama de la medicina veterinaria. Es, en realidad, el concepto primordial de toda la educación veterinaria, y es lo que hace única a las ciencias veterinarias, dándonos una posición de fuerza entre las profesiones de la salud.

Es mi absoluta convicción que los estudiantes que hoy graduamos tienen una educación mucho más estrecha que sus predecesores, contrariamente a la creencia general de que seguimos graduando generalistas. No me opongo en absoluto a que se siga incrementando nuestro nivel de especialización en medicina veterinaria. Dicha especialización es una consecuencia lógica del aumento de nuestro conocimiento. A lo que si me opongo es que cada vez aumentemos el grado de diversificación dentro de la educación básica veterinaria, y perdamos el carácter holístico, comparativo que define nuestra formación básica. La pérdida de un ambiente académico donde los aspectos comparativos nutran nuestro conocimiento inciden negativamente sobre nuestra capacidad de interacción a nivel de investigación y, por ende, de la formación de postgrado de los investigadores jóvenes que llevarán sobre sus hombros la investigación veterinaria del futuro. Me consta que nuestros educadores tienen el conocimiento y el interés necesarios para que la educación básica veterinaria se desarrolle de tal manera que podamos mantener nuestro nivel de formación de colegas que puedan usar sus conocimientos científicos y habilidades en beneficio de la sociedad así como mejorar en forma continuada y de por vida su competencia, ingresar en programas de formación profesional especializada y educarse para la investigación comparada.

Agradecimientos

A los educadores e investigadores en todas las facultades de veterinaria que he conocido, por generar el conocimento sobre el cual nuestra educación académica se basa, y por compartirlo, en beneficio de las ciencias veterinarias.

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