Bioterrorismo de segunda generación: agroterrorismo


BIOTERRORISMO DE SEGUNDA GENERACIÓN: AGROTERRORISMO

 

Prof. Dr. Joaquín Goyache

VISAVET

(Laboratorio de Vigilancia Sanitaria Veterinaria)

Departamento de Sanidad Animal

Facultad de Veterinaria

Universidad Complutense

28040-MADRID

 

Se puede definir el Bioterrorismo como el  empleo ilegal (o la amenaza de su uso) de microorganismos o toxinas derivadas de organismos vivos, para ocasionar la muerte o enfermedad en el hombre, los animales o las plantas. Esta acción persigue crear miedo y/o intimidar gobiernos o sociedades para alcanzar metas políticas, religiosas o ideológicas.

 

En el denominado Bioterrorismo de segunda generación, el hombre pasa a ser un objetivo secundario, siendo las dianas principales los animales, los cultivos y los alimentos (en este caso no tanto para causar enfermedad en el hombre como para bloquear el comercio internacional). El objeto de estas acciones no es otro que estrangular las economías del país o países objeto de la agresión, atacando su producción agropecuaria o bloqueando el comercio de sus productos. No obstante existe la posibilidad del uso de agentes zoonósicos (aquellos que afectan al hombre y los animales) con lo que el efecto producido sería mayor al tener repercusiones (muchas veces graves) en salud pública.

 

En el caso de los animales, los agentes con un mayor ?beneficio? teórico para este tipo de acciones serían aquellos incluidos en la Lista A de la Oficinaternacional de Epizootias (, http://www.oie.int/) (que serían los causantes de ?enfermedades transmisibles que presentan gran poder de difusión y especial gravedad, que pueden extenderse más allá de las fronteras nacionales, que tienen consecuencias socioeconómicas o sanitarias graves y cuya incidencia en el comercio internacional de animales y productos de origen animal es muy importante?). Sin embargo en la Lista A encontramos escasos ejemplos de zoonosis, todo lo contrario a las enfermedades incluidas en la Lista B (?enfermedades transmisibles que se consideran importantes desde el punto de vista socioeconómico y/o sanitario a nivel nacional y cuyas repercusiones en el comercio internacional de animales y productos de origen animal son considerables?) donde están incluidas numerosas zoonosis.

 

Los agentes transmisibles y las toxinas de origen biológico han sido empleados como armas en momentos de guerra a lo largo de la historia. Normalmente se tiende a pensar en el hombre como objetivo primario de este tipo de acciones, aunque existen datos de ataques dirigidos a animales y plantas.

 

El hombre comprendió la utilidad de los microorganismos como armas de guerra mucho antes de que se supiera la existencia de los mismos. Uno de los primeros acontecimientos históricos en los que existen datos contrastados del empleo de un agente biológico en una guerra fue en el asedio de la ciudad de Kaffa (actualmente Feodosia, Ucrania) en el siglo XIV. Las fuerzas tártaras convirtieron la teórica desventaja de la existencia de una epidemia de peste bubónica entre sus tropas en ventaja al proceder a catapultar los cadáveres de fallecidos por la enfermedad al interior de la ciudad. La diseminación de la peste entre sus habitantes aceleró la caída de la ciudad. Este no ha sido un acontecimiento aislado ya que, durante siglos, los agentes causantes de enfermedad en el hombre y los animales han sido empleados  para contaminar intencionadamente suministros de agua, animales o cultivos del enemigo, cuando no se atacaba mediante este tipo de estrategias directamente a la población humana. Un claro ejemplo de este último tipo de actuación se produjo en 1763, momento en el que el ejército británico distribuyó entre las tribus Americanas hostiles mantas contaminadas con el virus de la viruela humana ya que habían sido empleadas para cubrir pacientes que sufrían la enfermedad.

 

Los avances tecnológicos y de conocimiento en el campo de la microbiología y las enfermedades infecciosas a lo largo del siglo XIX, permitió el aislamiento e identificación de los agentes etiológicos con empleo potencial en guerra biológica, manteniendo, además, un cierto grado de especificidad. Existen claros indicios de que durante la I Guerra Mundial  se produjeron los primeros ataques biológicos sobre animales de abasto. Se cree que el ejército alemán y/o sus servicios secretos emplearon los agentes del carbunco bacteridiano (Bacillus anthracis) y muermo (Burkholderia mallei) para infectar ovejas, mulas y caballos, tanto en territorio europeo como americano.

 

Durante la Guerra Mundial fue Japón uno de los países más activos en la investigación en armas biológicas, creando la denominada Unidad 731 que comprendía alrededor de 3000 investigadores y que realizaba las pruebas de sus desarrollos en prisioneros de guerra. Japón utilizó armas biológicas sobre varias ciudades chinas, bien contaminando alimentos y agua, bien lanzando el agente directamente en las casas o esparciendo los agentes mediante aviones. Concretamente, se estima que se crearon brotes de forma artificial esparciendo pulgas infectadas con el agente de la peste bubónica (Yersinia pestis) al permitir que se alimentaran sobre ratas infectadas. Los ataques cesaron cuando los propios japoneses sufrieron más de mil quinientas bajas causadas por los agentes que habían diseminado (principalmente cólera y algunas de disentería y peste bubónica), aunque continuaron con la investigación y el desarrollo hasta el final de la guerra.

 

Los EE.UU. desarrollaron su propio programa de Guerra Biológica (principalmente en las conocidas instalaciones del hoy día denominado Fuerte Detrick, Maryland), valiéndose del conocimiento aportado por miembros de la Unidad 731 japonesa. Si bien los estudios se centraron en agentes con elevado potencial letal o para incapacitar (incluso realizando pruebas en voluntarios), también realizaron pruebas de producción, almacenamiento y aerosolización con agentes inocuos. En 1969 el Presidente Nixon paralizó este programa debido, principalmente, a cuestiones estratégicas, ya que el armamento convencional, químico y nuclear disponible entonces en los EE.UU. convertían al armamento biológico en un elemento secundario, a lo que se unía el hecho de que su comportamiento tras un ataque era claramente impredecible e incontrolable. Las reservas de este material fueron destruidas hacia 1973, tras la Firma de la Convección en Armamento Biológico de 1972, aunque se continuó investigando.

 

Pese a lo anteriormente indicado, el más importante de los programas desarrollados fue el de la antigua Unión Soviética donde, y pese a haber firmado el tratado anteriormente citado, el desarrollo y producción de este tipo de agentes continuó de forma clandestina, tal y como se demostró posteriormente tras la aparición de un brote de carbunco bacteridiano por inhalación en la ciudad de Sverdlovsk (actualmente denominada Ekaterinburg, Rusia) y que causó más de 60 muertes. Aunque inicialmente se atribuyó el brote al consumo de carne infectada, el Presidente Yeltsin admitió que se trató de una liberación accidental del agente en la instalación existente en esa ciudad dedicada a su producción a gran escala. Tras la desaparición de la URSS, Rusia eliminó las reservas de armas biológicas y paralizó los programas de investigación y desarrollo.

 

Otros países han creado sus propios programas de guerra biológica. Entre ellos destaca Irak aunque, ya que es un objeto de gran controversia y los datos han sido convenientemente discutidos en multitud de foros y son sobradamente conocidos, es un apartado que no va a ser desarrollado en estas líneas.

 

Hasta estos momentos hemos realizado un pequeño resumen de los antecedentes de la guerra biológica. No obstante nada de lo hasta ahora comentado puede considerarse Bioterrorismo (aunque algunos estados puedan realizar acciones consideradas como tales). Sin embargo han existido ataques bioterroristas en periodos anteriores a la famosa crisis de los envíos postales contaminados con esporos de Bacillus anthracis, de los que más adelante hablaremos.

 

Tal vez la actividad más destacable (principalmente por la capacidad demostrada de obtención y utilización de agentes muy peligrosos) sea la realizada por el la secta liderada por Aum Shinrikyo en Japón (más conocida por el ataque realizado en 1995 en el metro de Tokio con gas sarin). Este grupo que realizó investigaciones  con varios agentes, al menos ejecutó 3 ataques con toxina botulínica y B. anthracis aunque, afortunadamente, sin éxito. Además se sabe que varios miembros de la secta se trasladaron al Zaire con la intención de obtener el virus Ébola.

 

El primer acto conocido y bien documentado de diseminación intencionada de un agente biológico en los EE.UU. fue el extraño complot organizado por el culto religioso ?Rajneeshees?, seguidores del autoproclamado ?gurú? Bhagwan Shree Rajneesh (“Bendito Señor de la Luna Llena”). En resumen, este grupo trató de controlar el poder del Condado de Wasco intentando ganar las elecciones locales de 1984. Este hecho, en principio legítimo, tomó carices que podrían considerarse como esperpénticos de no mediar la salud de los habitantes del condado. Concretamente el líder de la secta trató de alterar el resultado de las elecciones haciendo que la mayoría de los votantes del condado (la mayor parte de ellos habitaban en la ciudad de ?The Dalles?) se pusieran enfermos para que, de este modo, no pudieran acudir a votar. Para ello realizaron un primer ataque a modo de prueba para posteriormente, si tenían éxito, contaminar el suministro de agua. Realizaron algunos intentos individuales y, finalmente, distribuyeron Salmonella typhimurium (idéntica a la cepa tipo ATCC 14028) en un restaurante logrando que enfermaran 751personas. Más tarde se supo que este grupo disponía de bacterias más agresivas (Salmonella typhi, Francisella tularensis, etc.).

 

No obstante, y pese a su relativamente baja importancia, nunca ataque bioterrorista (el número de sobres enviados fue muy bajo ?tan sólo 4-, aunque otros se contaminaron de forma cruzada en el proceso de clasificación) causó una alarma a nivel global como el ocurrido en los EE.UU. entre los meses de Septiembre y Octubre del año 2001. En total el número de afectados fue 22 (11 con carbunco cutáneo y otros 11 con carbunco inhalatorio, de los que 5 murieron). De esta crisis (que también afectó a España, aunque finalmente todos los casos fueron falsas alarmas o bromas de dudoso gusto) hemos aprendido que nunca se está lo suficientemente bien preparado y que se necesita el esfuerzo coordinado de multitud de administraciones y profesionales entre los que se debe contar con expertos en tareas de campo, evaluación de datos, bioseguridad y comunicación, microbiólogos y epidemiólogos, entre otros.

 

El principal problema a la hora de enfrentarse a un ataque agro/bioterrorista es reconocer que se trata de una agresión, ya que existen muchas posibilidades de que tras el ataque la evolución del brote se asemeje mucho a uno surgido de forma natural, a lo que hay que unir el que muchos agentes comienzan produciendo una sintomatología poco específica.

 

Existen una serie de aspectos que pueden ayudar a reconocer el empleo intencionado de agentes biológicos o sus toxinas:

 

  1. Brote amplio en una población relativamente pequeña
  2. Brotes de la misma enfermedad en áreas separadas
  3. Muchos casos de enfermedad y muertes sin explicación evidente
  4. Más casos graves de lo normal para una determinada enfermedad o fallo en la respuesta a la terapia convencional
  5. Rutas inusuales de exposición
  6. Enfermedad inusual para una determinada área o época del año
  7. Un caso aislado con un agente poco común (viruela, algunas fiebres hemorrágicas)
  8. Enfermedad rara en un determinado grupo de edad
  9. Cepas raras o variantes o patrones de resistencia diferentes a los circulantes
  10. Patrón genético similar en asilados obtenidos en diferentes lugares, orígenes o momentos
  11. Mayores tasas de ataque en expuestos en ciertas áreas (dentro de un edificio si se ha liberado en el interior y viceversa)
  12. Aviso de autoridades de defensa, coincidente con casos aparecidos

 

Se han realizado multitud de alegaciones sobre ataques sobre el ganado y los cultivos (http://cns.miis.edu/research/cbw/agromain.htm), muchos de ellos difícilmente demostrables. Como se puede observar en la página web marcada anteriormente, la mayoría de ellos corresponderían a acciones realizadas por estados y pocos a actividades relacionadas con auténticas acciones terroristas. Por lo tanto estamos realizando previsiones con poca base histórica. No obstante, y teniendo en cuenta todo lo anteriormente descrito, se puede especular que algunos de los brotes registrados en todo el mundo que han surgido en los últimos años podrían deberse al empleo intencionado de agentes biológicos (y/o químicos).