Real Academia de Ciencias Veterinarias

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Significación patológica actual del virus de la enfermedad de Marek.

Tipo de actividad: Conferencia
Sección: Medicina Veterinaria
Fecha: 13 de marzo de 1996

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SIGNIFICACION PATOLOGICA ACTUAL

DEL VIRUS DE LA ENFERMEDAD DE MAREK

 

Conferencia pronunciada por el Académico de Número

Excmo. Sr. D. Alfredo Solana Alonso

13 de Marzo de 1996

 

 

            La enfermedad de Marek (E.M.) es hoy en día, además de la entidad patológica más destacada del grupo de las neoplasias transmisibles animales, el proceso patológico de mayor preocupación e interés de la patologia infecciosa aviar. La detallada descripción de la enfermedad efectuada a principio de la década de los 90 (Calnek et al., 1991), sigue manteniéndose válida en líneas generales. Sin embargo, últimamente se vienen observando unas modificaciones en la presentación habitual de esta enfermedad, en el campo, que han suscitado algunas hipótesis sobre posibles cambios o evolución biológica del virus de Marek.

 

Importancia económica

 

            La E.M. puede calificarse como la enfermedad de las aves con mayor significación económica a nivel mundíal. Aunque la E.M. no ocasiona en la actualidad unas pérdidas económicas de tanta envergadura como las que producía antes de la disponibilidad de las primeras vacunas, siguen siendo considerables, con una inflexión alcista desde el comienzo de este decenio e indudablemente superiores a las ocasionadas por cualquiera otra enfermedad de las gallinas.

            En las aptitudes de producción de huevos para el consumo o para la reproducción, los índices de valoración de pérdidas son la mortalidad, la disminución de puesta, el coste de la vacunación contra la E.M. (precio, gastos de conservación, mano de obra , etc.) y la interferencia en los programas productivos. Este último parámetro es probablemente el más relevante en el conjunto de la gestión, pues acarrea pérdidas por desaprovechamiento de las instalaciones y de la mano de obra y sobre todo el incumplimiento de los compromisos comerciales contratados, con pérdida de la cuota de mercado. En la producción de pollos de engorde, se contabilizan la mortalidad y la disminución del rendimiento del lote. Pero el gran capítulo de este segmento de la producción cárnica radica en los decomisos de canales en el matadero por la presencia de lesiones de tipo linfomatoso en la piel y masas musculares, principalmente las de pechuga que son las de mayor valor comercial.

            Una causa general de quebranto económico es la derivada del estado de inmunosupresión. Esta disfunción del sistema inmunológico propicia un aumento de la susceptibilidad a otras enfermedades con la subsiguiente pérdida económica, aunque la extensión de ese daño es complicada de establecer con evidencia en las condiciones de campo.

            La variedad y características de las causas directas e indirectas que configuran el quebranto económico de la E.M. hace difícil la cuantificación real del coste que afecta a la economía agraria.

 

Relevancia científica y tecnológica

 

            La importancia de la E.M. se ve acrecentada, además de ser un factor limitante de un sector productor de alimentos para el hombre, por constituir un prototipo para la investigación en diversas parcelas de la biologia básica y la medicina.

            En el campo de la oncología comparativa, los avances científicos conseguidos con el virus de Marek son un punto de partida para el progreso posterior con los Herpesvirus oncogénicos de los mamíferos, pues la variedad y extensión de la respuesta celular a los diferentes patotipos del virus de la E.M. proporciona una oportunidad para el estudio de la interacción virus-célula en las neoplasias.

            Otra parcela de especial interés es la estrecha similitud encontrada entre las lesiones de la aterosclerosis humana y las que aparecen en los pollos infectados por el virus de Marek, caracterizadas por la presencia de ateromas y cambios peculiares en la íntima y en la medía en arterias coronarias, aorta, celíaca, etc. y que abren unas expectativas como modelo científico para el estudio de la patogenia de la aterosclerosis.

 

Situación en España

 

            Actualmente en España y al igual que en el resto de los países hay tres razones que aislada o conjuntamente, respaldan la opinión de que la E.M. es el problema prominente de la patología aviar. Una, la percepción de que la virulencia del virus de Marek se ha incrementado. Otra, la impresión de que las vacunas en uso no están actuando con la eficacia que demostraban en el pasado y la tercera, el sentimiento de que esta enfermedad en más ocasiones de lo esperado es de difícil díagnóstico con otros procesos tumorales, como es la leucosis linfoide.

            En el transcurso de esta década, la epidemiologia de la E.M. en España se ha caracterizado por unos altibajos muy llamativos en la incidencia de la enfermedad, con la aparición de brotes graves en efectivos vacunados que han cursado con promedios de mortalidad de 20% en los lotes afectados. Por lo general los brotes se han observado con más frecuencia en gallinas de raza ligera.

            Debido a que la E.M. no está calificada como de declaración obligatoria. no se dispone de cifras oficialmente respaldadas sobre el número de focos aparecidos. Indudablemente existen datos internos, restrictivos y certeros que poseen las empresas avícolas sobre los casos presentados en sus explotaciones o de sus clientes. Por ello no es irreflexiva la sugerencia de que un organismo o entidad efectuase, retrospectivamente, una recopilación anónima de esa valiosa y detallada información que ayudaría a un conocimiento real de aspectos epidemiológicos y económicos de inestimable utilidad.

 

 

VIROLOGIA

 

Virulencia

 

            En el virus de Marek se reconocen tres serotipos que aunque comparten diversos antígenos comunes, pueden ser diferenciados rutinariamente por una técnica de inmunofluorescencia con anticuerpos monoclonales específicos de tipo (Lee et al., 1983). Otro método de diferenciación se basa en la determinación de los patrones obtenidos con endonucleasas de restricción que permite además diferenciar cepas dentro de un mismo serotipo y si las cepas han sido propagadas o modificadas por pases en cultivos celulares. Este análisis constituye un instrumento valioso para llegar a conocer el o los serotipos empleados en una vacunación o si el serotipo que se haya identificado es una cepa modificada vacunal o una cepa que ha aparecido naturalmente (Silva et al., 1991).

            Un paso más avanzado y que permite además la identificación del ADN del virus de Marek directamente en los tumores con fines díagnósticos, ha sido la aplicación de la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para la diferenciación entre las cepas patógenas y atenuadas del serotipo 1. Mientras que las cepas virulentas del serotipo 1 contienen dos o tres copias del segmento repetido de 132 pares de bases en las secuencias TRL e IRL, en las cepas avirulentas de ese serotipo el número de copias está ampliado como consecuencia del proceso de atenuación de la virulencia y de la oncogenicidad (Silva, 1992).

            La virulencia, que es privativa del serotipo 1, presenta una gradación muy amplia, manifestada en una variedad de patotipos que oscila desde casi avirulentos a plenamente virulentos. Este grado de virulencia va acompañado en relación directa del rango de su capacidad oncogénica e inmunodepresiva. Así al estudíar el desarrollo histórico de la E.M. pueden observarse unos cambios significantes en el patotipo, que se han traducido en evoluciones epidemiológicas (incidencia, mortalidad, etc.) y en la diversidad e intensidad de las formas clínicas y de los cuadros anatomo-patológicos.

            El primer cambio se produce a medíados de los años 50, abriendo paso a la era moderna de la E.M., en que coincidiendo con la intensificación de los sistemas de producción avícola y las transformaciones genéticas de la gallina, se pasa de una enfermedad poco relevante a otra de muy superior significación y encuadrada en el marco típico de esta enfermedad, en la que las cepas del virus poseían una mayor virulencia que la habitualmente conocida.

            El segundo cambio se produce a finales de los 70, apareciendo brotes graves en aves vacunadas con el serotipo 3 (virus Herpes del pavo=HVT) que estaban ocasionados por patotipos muy virulentos (Witter et al., 1980). Este hecho señaló el fin de una época en la cual se podía decir que la vacunación con la cepa de HVT proporcionaba elevados niveles de protección y control de esta enfermedad.

            Debido a que el virus de Marek ya ha cambiado dos veces, la pregunta no es si va a cambiar de nuevo, sino también cuándo va a suceder ese cambio y cómo se va a manifestar. La hipótesis de un nuevo cambio biológico parece ir adquiriendo visos de verosimilitud, cuando, a comienzos de los 90, se ha empezado a observar una modificación en el tropismo de las cepas de alta virulencia, con predominio de las alteraciones oculares. Se han detectado brotes en aves vacunadas con vacunas que incluian ya los serotipos 2 y 3, con una prevalencia mayor de lesiones citolíticas o inflamatorias sobre las de tipo neoplásico.

            Esta diversidad en la virulencia del serotipo 1 ha propiciado una clasificación que aunque arbitraria porque no representa a distintos grupos víricos, posee un reconocido valor como referencia comparativa. Las tres clases de patotipo se designan por las siglas de las correspondientes palabras inglesas.

            - Patotipo benigno (mMDV), representado por la cepa CU2, habitual durante el primer periodo de la E.M. que cubre hasta 1950.

            - Patotipo virulento (vMDV), en el que se incluyen las cepas JM, GA y HPRS-16 que están presentes durante los años 60 y 70.

            - Patotipo muy virulento (vvMDV) y originalmente denominado "variantes", con las cepas Md5 y RB1B aisladas de brotes de campo en  efectivos donde se han producido "fallos vacunales" (aparición inesperada y con elevada incidencia de la enfermedad en efectivos que han sido vacunados, en especial con HVT) y en focos con aves no vacunadas en los que la enfermedad ha aparecido con mayor mortalidad e intensidad de las lesiones que la acostumbrada.

            El proceso de identificación del patotipo vvMDV comprende en primer lugar partir de un material patológico, corrientemente linfocitos circulantes, que esté libre de contaminantes víricos, especialmente de los serotipos 2 y 3 del virus de Marek, para lo que se requiere la introducción previa de aves centinelas. Seguidamente se procede al aislamiento, purificación y clonado, comprobación de pureza respecto a la extensa relación de virus aviares, comprobación del serotipo, inoculación de pollos libres de agentes patógenos (SPF), susceptibles y vacunados, desafio y comparación estadística de los cuadros lesionales.

            Los cambios experimentados en la virulencia por el virus de Marek no tienen que implicar necesariamente una correspondencia paralela en modificaciones genéticas del virus que supongan una mutación, pudiendo haber sido motivados por las modificaciones genéticas que se están realizando continuamente sobre la gallina con el fin de adecuarlas a las nuevas tendencias de la producción avícola y que de alguna manera pueden representar variaciones en la susceptibilidad del hospedador. Sin embargo, el conocimiento de que los Herpesvirus son razonablemente mutantes y la existencia de una presión acentuada en la selección, favoreciendo los mutantes más virulentos, sugiere que en un futuro puedan emerger cepas aún más virulentas.

 

Biologia molecular

 

            Durante largo tiempo y a diferencia de otros Herpesvirus, el virus de Marek había recibido poca atención desde el punto de vista molecular, quizás debido a los condicionamientos derivados de la propiedad de la estrecha asociación a la célula que mantiene este virus y que dificultaba la purificación del virus y la obtención de su ADN. Una vez resuelta esta dificultad, los estudios sobre biología molecular del virus de Marek se han centrado especialmente en el serotipo 1, extendiéndose comparativamente al serotipo 3 por su carácter apatógeno. Las detalladas descripciones del mapa con enzimas de restricción del serotipo 1 y del serotipo 3 (Igarashi et al., 1987) abrieron el camino para posteriores investigaciones sobre la localización y análisis funcional de genes específicos en regiones del ADN.

            El gen que codifica el antígeno A, homólogo del gC del virus Herpes simplex-1 (HSV-1), se ha localizado en el fragmento Bam HI B situado en la porción central de la región UL (Isfort et al., 1987). Este gen ha sido secuenciado y denominado gp57-65, con una homología también con el antígeno A del HVT (Coussens et al., 1990). El antígeno A es una glicoproteína de particular interés, porque su producción se reduce ostensiblemente durante el proceso evolutivo de atenuación de las cepas virulentas por pases en cultivos celulares. Sin embargo. aparentemente no está relacionado con la oncogenicidad, que siempre se ha venido considerando una propiedad íntimamente asociada con la virulencia. Además el antígeno A se le relaciona con la infección de tipo productivo, por lo que no es privativo de las cepas virulentas y así está presente en las avirulentas de cualquiera sea el serotipo.

            El gen que codifica el antígeno B (gp100, gp60, gp49) y que desempeña un papel directo en la respuesta protectora inmune, no se ha podido establecer que es homólogo del gB del  HSV-1. Este antígeno B es un conjunto de tres glicoproteínas que se expresa en la membrana de la célula infectada y que como el antígeno A está también asociado con la infección de tipo productivo.

            Recientemente, al determinar y comparar las secuencias del gen gD del HVT y del virus de Marek que es esencial para la penetración vírica en la célula y que junto a otras glicoproteínas de la envuelta juega un papel principal en el mecansimo de la repuesta inmune, se ha comprobado entre ambos una identidad de 57% a nivel de ácido nucleico y de 49% a nivel de aminoácidos. Además, se ha identificado en el virus de Marek una fase de lectura abierta (ORF) que codifica al homólogo gD del HSV-1 en el fragmento 5,5 kbp EcoRi, localizado en el segmento Us (Rose et al., 1991). También se han identificado y secuenciado los genes de los serotipos 1 y 3 que codifican las glicoproteínas D, I y E homólogas del HSV-1, comprobándose además que son inmunógenas y que en alguna forma intervienen en el mecanismo protector inmunitario (Brunovskis et el., 1992)

            Respecto a la identificación de genes implicados en la oncogenicidad, no se puede asegurar hoy en día si el virus de Marek codifica uno o más oncogenes con acción directa, pero sí se ha reconocido un gen que codifica una proteína de aproximadamente 40kDa que presenta una homología con los oncogenes nucleares fos/jun. Este gen, denominado meq, se localiza en la región larga repetida y se expresa intensamente en los linfomas de células T inducidas por el virus de Marek (Jones et al., 1992).

            Asímismo y aunque los mecanismos de inducción de neoplasias por este virus y relacionados con sus aspectos moleculares no están aún dilucidados, se ha podido comprobar que la pérdida de la capacidad de oncogenicidad por pases seriados en cultivos celulares conlleva una evidente expansión de los fragmentos -H y -D, presentes en las regiones IRL y TRL  (Maotami et al., 1986).

            En otro orden, un aspecto que merece una referencia destacable por sus implicaciones para la disponibilidad de vacunas de nueva generación ha sido la construcción de cepas recombinantes. Para su consecución se han seguido dos estrategias diferentes en función de la finalidad perseguida. Una ha tenido como objetivo la obtención de cepas recombinantes destinadas a la protección simultánea frente a la enfermedad de Marek y alguna otra enfermedad vírica. Así, después de comprobado que la región Us del genoma del HVT permite la integración estable y eficiente de genes extraños,. la estrategia más atractiva ha sido la integración del gen que codifica la glicoproteína F de otro de los virus más importantes en la patologia aviar, el de Newcastle. Este antígeno F es esencial en el mecanismo de fusión de la envuelta vírica con la membrana plasmática de la célula hospedadora y en el de protección frente a la infección experimental (Morgan et al., 1992). De la misma manera, ese mismo gen del virus de Newcastle ha sido en esa misma región del genoma, pero del serotipo 1.

            En otra línea de actuación, con una finalidad de protección única contra la infección por el virus de Marek y basada en la experiencia obtenida con otros herpesvirus, se ha logrado integrar en el gen timidina-kinasa del HVT, el fragmento del genoma del patotipo vvMDV que codifica la glicoproteína B que interviene en la respuesta protectora inmune (Ross et al., 1993). También y como una variedad de esta misma finalidad se ha construido otro recombinante utilizando como vector el virus de la viruela aviar, en cuyo genoma se ha integrado el gen que codifica la glicoproteína B del virus de Marek (Nazerian et al., 1992).

            Aunque la estabilidad y eficacia de todas estas cepas recombinantes está todavía por demostrar a nivel de campo, el candidato más atractivo como vector es el HVT, principalmente por su carencia de poder patógeno y de capacidad de difusión horizontal.

 

 

EPIDEMIOLOGIA

 

            Los principales capítulos de la epidemiologia de la E.M., como hospedadores naturales, distribución, transmisión, etc., fueron dilucidados hace años y no se han producido aportaciones relevantes respecto a las descripciones efectuadas anteriormente. Pero sí se han observado algunos cambios o contribuciones al conocimiento sobre las causas de la aparición de la E.M., en especial en efectivos vacunados en lo que se ha venido en denominar como "fallos vacunales" y que en alguna forma están condicionando las medidas de prevención y control de la enfermedad. Quizás por esto el estudio y análisis de este tipo de brotes se viene realizando comúnmente en el capítulo de profilaxis, cuando por la diversidad y características de las causas que intervienen debería considerarse como un aspecto epidemiológico.

            El origen de la aparición de la E.M. en aves vacunadas es extremadamenre complejo, no sólo por la variedad de causas sino por su forma de actuar. Unas son de acción directa, pero otras intervienen medíante interacciones que interferirán en el equilibrio dinámico que deben mantener el agente patógeno, el hospedador y el entorno, en un estado óptimo de salud y producción. En este contexto, hay una serie de factores o circustancias epidemiológicas que van a crear situaciones predisponentes o determinantes en la presentación de la enfermedad.

 

Manejo

 

            La vacuna es el primer protagonista en el episodio de la aparición de la E.M. en efectivos vacunados y generalmente el principal acusado. Las deficiencias originales en el título del virus vacunal, la pérdida de viabilidad por mantenimiento a temperaturas disgenésicas, la aplicación conjunta con ciertos fármacos, etc., constituyen los principales argumentos para la inculpación. Con ser esto cierto y al margen del mejor conocimiento actual sobre la existencia de otras causas más verosímiles, resulta extraño aceptar que el aumento en la casuística de los "fallos vacunales", se deba a un deterioro repentino y generalizado en las prácticas de manejo de la vacuna que se venían realizando satisfactoriamente.

            El conjunto de elementos y actuaciones que componen el manejo de la explotación avícola juega un papel destacado en el desencadenamiento de este tipo de brotes en las poblaciones vacunadas. Entre ellos destacan, la elevada densidad de la población, el transporte a grandes distancias, el alojamiento en condiciones ambientales diferentes, los cambios hormonales del inicio de la puesta, el consumo de pienso contaminado con micotoxinas, etc.,. Todas estas causas estresantes, aislada o conjuntamente van a producir en el hospedador un estado de inmunosupresión que aumenta la susceptibilidad frente a los patotipos vMDV y vvMDV o reactiva la infección latente.

 

Resistencia genética

 

            La mejora genética de la gallina, conseguida por unos programas de selección altamente competitivos enfocados a una mayor ganancia de peso y conformación o de producción de huevos y una mejor conversión alimenticia, ha alcanzado niveles espectaculares. Esta presión en la selección productiva se ha venido considerando empíricamente que ha ido en detrimento de la selección sobre la resistencia a las enfermedades.

            Aunque el conocimiento actual de la manipulación genética permite insertar genes específicos sin menoscabo de la capacidad de producción, también es cierto que la identificación a nivel molecular de los genes de la resistencia y de su mecansimo es una parcela de conocimiento fragmentario, existiendo además grandes dificultades en la introducción de esos genes en una forma capaz de una expresión regulada. La resistencia completa a la infección por el virus de Marek no parece existir por analogía con lo que ocurre con otros herpesvirus, porque para inducir la fusión de las membranas vírica y celular se requieren múltiples interacciones entre varias glicoproteínas de la envuelta y diversos componentes celulares del hospedador todavía sin identificar.

            La resistencia genética parcial en la E.M. es un proceso muy complejo en el que se ven involucrados varios loci. La certidue más evidente es el papel que juegan los genes del complejo de histocompatlidad principal (MHC), hasta el punto que en los programas de selección se ha utilizado htualmente como marcador por la reconocida asociación entre diversos haplotipos de MHC, en especial el B, y la resistencia a la E.M.. Taén se han identificado otros loci como participantes en la resistencia poligénica, como los relacionados con la estructura específica de los línfocitos T, los mecanismos de termorregulación o la competencia inmunológica. No tante, la resistencia que se presenta en algunas líneas genéticas de gallinas no parece drse primariamente a la susceptlidad o resistencia de las células individuales al virus, ya que sus células eionarias cultivadas in vitro, pueden presentar una susceptibilidad elevada a la infección por el virus de Marek.

            La resistencia genética en la E.M., determinada por la infección experimental, tiene un elevado grado de heredabilidad, siendo inexplicablemente mayor frente al patotipo vvMDV que frente al patotipo vMDV. Además y como un dato de aplicabilidad práctica se ha comprobado que la vacunación de gallinas genéticamente resistentes alcanza unos niveles de protección más elevados que las gallinas susceptibles, lo que indudablemente es un paso más avanzado en el control de la E.M. (Gavora et al., 1990). Sin embargo, el hecho real es que la consideración del carácter de resistencia a la E.M. en los programas de selección avícola no ha experimentado una atención mayor que años atrás, quizás por la limitación de los conocimientos disponibles o por el grado de rentabilidad de los resultados obtenidos.

 

Agente causal

 

            La E.M. puede aparecer en una manada de aves correctamente vacunadas. Cuando se trata de explotaciones con un elevado nivel de contaminación, durante la primera semana de vida puede producirse la infección por cepas de virulencia normal. En otras circustancias y en aves con una inmunidad activa, la infección por el patotipo vvMDV produce un brote sorpresivo que se va a caracterizar por un aumento significativo de la frecuencia de linfomas y de la mortalidad..

            También y al margen del patotipo causal puede producirse un "fallo vacunal" en pollitos que posean anticuerpos maternales homólogos al serotipo vacunal. Por último debe contemplarse la aparición de "fallos vacunales"  como consecuencia de la interacción entre el virus de Marek y otros virus aviares.

 

Inmunosupresión

 

            El estado de inmunosupresión es una característica destacable en la presentación y evolución de la E.M., en la misma medida que en otras enfermedades.

            Por una parte, el virus de Marek produce una infección citolítica con intensa reacción inflamatoria en los órganos linfoides, como bolsa de Fabricio, timo y bazo, que afecta en primer lugar a los linfocitos B y luego a las células T activadas. En esta etapa de la patogenia, la evolución de la enfermedad hacia la formación de linfomas estará condicionada por la cepa infectante, la edad del hospedador y su resistencia genética. Este estado inicial de inmunosupresión, acrecentado por el que ejerce la propia intervención de las células tumorales, va a aumentar sensiblemente la susceptibilidad frente a otras infecciones.

            En otro sentido, la intervención de diversos factores relacionados con el manejo y algunas infecciones duales o interacciones con otros virus pueden ejercer un efecto inmunosupresor, modificando la epidemiologia y la patogenia de la enfermedad. Así, la coinfección del serotipo 2 con el virus de la leucosis linfoide aviar ocasiona un aumento del número y desarrollo de los linfomas específicos de la leucosis aviar (Ewert, 1991). También la infección dual del virus de Marek y el de la anemia infecciosa aviar da lugar a una intensificación en la replicación y eliminación del primero y a un agravamiento de las lesiones linfoproliferativas y neoplásicas de la E.M. (De Boer et al., 1992).

            A diferencia de los hechos anteriores, plenamente demostrados, existe una gran discrepancia y contradicción en los resultados de la interacción entre el virus de Marek y el de la bursitis infecciosa, así como también con el reovirus aviar y el de la reticuloendoteliosis aviar.

 

DIAGNOSTICO

 

            Durante los últimos 30 años,  la E.M. se ha díagnosticado en base a los datos epidemiológicos, la sintomatología y la presencia de lesiones macro y microscópicas. Estos criterios siempre han tenido excepciones y ahora con frecuencia se empieza a comprender sus limitaciones.

            Una característica de la E.M. era que se presentaba generalmente en aves menores de 16 semanas de edad, pero cada vez es más alarmante los focos que aparecen en aves adultas a partir del inicio de la puesta. Precisamente en estos casos de presentación en aves adultas, la parálisis de las extremidades debido a la infiltración linfoide de los nervios periféricos ocurre en un número reducido de aves, predominando por el contrario la presencia de linfomas que pueden confundirse con los de la leucosis linfoide. También, la E.M. en aves jóvenes se puede confundir con la reticuloendoteliosis por la similitud de los linfomas localizados en otros órganos distintos a la bolsa de Fabricio (Witter et al., 1986).

            Por otra parte, las técnicas virológicas usuales para la detección de antígenos o virus o las serológicas para la comprobación de anticuerpos, no han encontrado una aplicación rutinaria en el díagnóstico diferencial de estas enfermedades debido a la amplia difusión de los tres virus ya citados y a que en ellas no es infrecuente la infección con ausencia de tumores. En consecuencia la atención ha estado dirigida a la adecuación de métodos más sensibles y específicos para la realización del díagnóstico diferencial.

            La técnica de PCR no podía por menos ser aplicada en el díagnóstico individual  diferencial de las neoplasias transmisibles aviares. Como se ha comentado al tratar de la diferenciación de los serotipos, esta técnica de PCR se ha aplicado en el díagnóstico de la E.M.. Sin embargo, los inconvenientes derivados de su extrema sensibilidad que da lugar a falsos positivos y la negatividad que proporciona en pollos infectados pero sin desarrollo tumoral, limitan todavía su inclusión como método rutinario en el díagnóstico de esta enfermedad, aunque se abren unas expectativas favorables para su empleo en la comprobación y seguimiento de manadas negativas al virus de Marek (Silva, 1992).

            También se ha prestado atención a la utilización en el díagnóstico diferencial de técnicas inmunocitoquímicas, empleando anticuerpos específicos frente a diversos marcadores celulares de superficie como MATSA o pp38, o diferenciadores de las poblaciones celulares T para la E.M. y la reticuloendoteliosis o B para la leucosis linfoide y también para la reticuloendoteliosis. Los resultados conseguidos son prometedores, pero requieren aún la validación en condiciones de campo. Igualmente a nivel experimental se han empleado sondas moleculares en el díagnóstico diferencial excluyente, con el fin de detectar inserciones clonales de los virus de la leucosis linfoide y reticuloendoteliosis, que requieren la verificación en el campo.

            En realidad, el díagnóstico diferencial de las neoplasias aviares sigue siendo realizado en la mayoria de los laboratorios por el estudio microscópico de las lesiones y las características citológicas de los tumores, lo que en ocasiones plantea dudas razonables ante la dificultad que a veces surge al establecer el dictamen citológico.

 

PROFILAXIS

 

            A pesar de la espectacular reducción de la incidencia de la E.M. conseguida por la práctica generalizada de la vacunación, la incidencia de la infección por el virus de Marek, con su amplia gama de serotipos y patotipos, continua siendo elevada. Esto se debe a que el virus de Marek es muy contagioso y ni la inmunidad natural ni la conferida por las vacunas disponibles son capaces de prevenir la infección persistente y la superinfección con la subsiguiente eliminación de virus, aunque se reduzca en las aves vacunadas. En consecuencia, la erradicación de la infección no parece posible en el momento presente en las explotaciones comerciales y ahora, a diferencia de lo que ocurría 25 años atrás, hay que hacer frente a la enfermedad en poblaciones vacunadas. Durante ese periodo de tiempo se han sucedido una extensa variedad de estrategias encaminadas a mejorar el control de la E.M.

            La estrategia más frecuente ha sido el empleo de vacunas monovalentes, empleando cepas de cada uno de los tres serotipos. El serotipo 3 continua siendo la vacuna estándar y además la más utilizada a pesar de las limitaciones que tiene ante situaciones epidemiológicas adversas. Las vacunas con cepas del serotipo 1 o del 2 se usan más como componentes de vacunas bi y trivalentes que como aplicación monovalente.

            En la actualidad una práctica muy difundida es el empleo de vacunas polivalentes. El fenómeno por el que dos o más serotipos vacunales producen una mayor protección que cada una de las cepas por separado, se denomina sinergismo protector. Este sinergismo se ha demostrado entre el serotipo 2 y 3 y en un grado mucho menor con la combinación del 1 y 3. Por el contrario no se ha confirmado sinergismo protector en vacunas trivalentes, lo que no ha evitado que su uso se haya popularizado sobre una base exclusivamente empírica. En condiciones epidemiológicas normales y para evitar interferencias con los anticuerpos maternales, las vacunas bivalentes deberían reservarse para la última generación de la producción, como son los broilers y las ponedoras comerciales.

            Otra estrategia es la vacunación al eión de pollo. La vacunación in ovo a los 18 días de edad del embrión se está convirtiendo en una práctica bastante común, especialmente en el pollo de engorde, debido en gran medida al grado de desarrollo tecnológico del equipo de vacunación. Este sistema que está siendo utilizado también con otras vacunas como la de la bursitis infecciosa proporciona un adelantamiento en la instauración de la respuesta inmune (Sharma et al., 1982). Aunque los ensayos de laboratorio demuestran la eficacia de este método, queda por comprobar los resultados de su aplicación en el campo a largo plazo.

            Con vistas a un futuro hay que contemplar las vacunas recombinantes. Las vacunas a base de cepas recombinantes y que han sido objeto de comentario anterior, no están aún disponibles comercialmente. Aunque se ha comprobado experimentalmente su eficacia, no se espera que el grado de protección que proporcionen sea más intenso que el que producen las cepas actualmente en uso.

            Como conclusión puede estimarse que el control de la E.M. en el futuro debe descansar en la conjunción de todos los medios potencialmente útiles y no en uno solo como se ha venido haciendo. Fundamentalmente, los diferentes tipos de vacunas, incluidas las recombinantes, su aplicación en momentos anteriores a los de mayor riesgo de contagio, la utilización de marcadores y la transferencia de genes en los programas de selección genética, sin afectar la capacidad productiva de la gallina.  

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