IDENTIFICACION DE MAMIFEROS CINEGETICOS ESPAÑOLES POR SUS HUELLAS Y SEÑALES
Excmo. Sr. D. Leopoldo Cuellar Carrasco
Académico de Número
13 de enero de 1999
Por su situación geográfica de transición entre África y Europa y entre el Mediterráneo y el Atlántico, la Península Ibérica e Islas Baleares y Canarias han sido zonas geográficas privilegiadas para la aparición de nuevas especies animales; a la riqueza y diversidad biológica de su fauna han contribuido así mismo, la accidentada orografía, la variedad climática y la existencia de grandes áreas marginales. Se puede asegurar, que el 79% de las especies europeas de mamíferos se encuentran representadas en España (99 especies), algunas de ellas tan peculiares y valiosas, desde el punto de vista ecológico, como el oso pardo, el lince o el lobo.
La variedad y singularidad de la fauna silvestre española de mamíferos y la identificación de especies en sus medios naturales, han suscitado siempre gran interés y curiosidad si se tienen en cuenta los numerosos y amplios estudios relativos a su zoología, bionomía, etología, patología y sanidad que son conocimientos esenciales para la adopción de medidas de protección, conservación, regularización de las actividades de caza y vigilancia sanitaria, ya que algunas de esas especies se hallan amenazadas o en grave peligro de extinción, representan una estimable riqueza cinegética y económica, o se encuentran estrechamente relacionadas con la epizootiología infecciosa y parasitaria de la ganadería y la epidemiología humana.
La observación e identificación de mamíferos en la naturaleza no resulta nada fácil, especialmente los de gran tamaño, si se considera que la mayoría de ellos son de actividades crepusculares o nocturnas, tienen los sentidos de la
vista, oído y olfato muy desarrollados y en consecuencia manifiestan un comportamiento cauteloso, discreto, esquivo o huidizo ante la presencia del hombre o de cualquier estímulo por mínimo que sea. Todos ellos, sin embargo, revelan su presencia dejando diversas y variadas huellas, señales, rastros, vestigios y otras manifestaciones, cuya localización, estudio e interpretación en su conjunto, permiten el conocimiento de sus modos de vida, tamaño y morfología y por lo tanto, la identificación de géneros y especies.
En el análisis de las demostraciones y testimonios de vida de los mamíferos de caza españoles más importantes seguiremos el siguiente orden de exposición:
- Huellas, rastros y sendas.
- Excrementos.
- Marcas dentarias, daños y residuos de alimentación.
- Albergues y alojamientos.
- Otras marcas y vestigios.
HUELLAS, RASTROS Y SENDAS.
La identificación de huellas de pisadas o impresiones cóncavas de las plantas de los pies y manos de los mamíferos en terrenos blandos o en la nieve con luz oblicua, requiere el conocimiento del tamaño, estructura y configuración de los miembros locomotores, divididos por el número de dedos pares o impares en paridigitígrados o paraxones e imparidigitígrados o mexasones y por la forma de apoyo en plantígrados, digitígrados y ungulígrados. Así mismo, debe tenerse en cuenta la existencia de uñas retráctiles o no, almohadillas plantares o pulpejos, densas formaciones pilosas interdigitales, etc., y en los ungulados la posesión de pezuñas o cascos que, en ambos casos, dejan estampaciones específicas en el suelo.
Por otra parte, es preciso considerar el tamaño, peso, edad e inco sexo de los animales, así como las posiciones relativas de las llas o rastros varían según el tipo de marcha.
Al paso, normalmente se apoyan en el suelo dos extremidades, mientras que otras dos están levantadas, de tal forma que cada uno de los pies es levantado separadamente, dejando marcado un rastro de dos filas de huellas paralelas poco separadas en las que las impresiones de los pies traseros coinciden con la de los delanteros. En el trote se alarga el tiempo en el que los miembros están levantados, por lo que en un momento dado pueden hallarse suspendidas las cuatro extremidades, la zancada es más larga y más estrecha la anchura entre las dos filas de huellas. Al galope el tiempo de suspensión se alarga aún más y aunque exista una coordinación de movimientos en diagonal, el apoyo de las extremidades anteriores y posteriores es alternativo, situándose las huellas de los pies traseros por delante de las de los anteriores. En el salto el animal se halla un momento suspendido en el aire como en el galope, despegando con los miembros posteriores y tocando el suelo al caer con los anteriores; un rastro típico de salto consta de grupos de cuatro huellas.
Los mamíferos, exceptuando algunos depredadores como el zorro, se mueven a través de sendas o caminos bien marcados que generalmente son las rutas curvilíneas más fáciles bordeando distintos accidentes y obstáculos geográficos o siguiendo los senderos hechos por el hombre. Algunas especies, como la liebre y el ciervo, pueden utilizar la misma senda.
A continuación se exponen las características de las huellas, rastros y sendas de algunos de los mamíferos más representativos de la fauna cinegética española.
Orden LAGOMORFOS. Los Lepóridos (Liebre y conejo) son plantígrados. Los pies anteriores poseen 5 dedos, aunque los interiores o pulgares son tan cortos que raramente dejan huellas y los posteriores largos y estrechos tienen también cinco dedos; todos ellos provistos de uñas rectas no retráctiles falciformes y estrechas. Las plantas están cubiertas de una capa de pelos.
Las huellas puntiagudas de plantas y uñas son morfológicamente similares, pero las de los pies posteriores de las liebres son más anchas y aproximadamente 1 cm mas largas que las de los conejos. En suelos duros solo se hallan impresiones de las uñas.
El rastro al galope o salto de los lepóridos tiene forma de Y en grupos de 4 pisadas las dos primeras de los miembros posteriores separadas y casi horizontales y las dos segundas de las patas anteriores de menor tamaño una detrás de otra casi en línea; la distancia entre cada grupo aumenta con la velocidad animal. Cuando las liebres y conejos se mueven lentamente o permanecen sentados en terrenos blandos o en la nieve se pueden encontrar dos grandes impresiones casi horizontales de los talones de las patas traseras.
A veces pueden distinguirse cambios de dirección y bruscas interrupciones en las carreras, las sendas sinuosas o pistas, debidas a grandes saltos, comportamiento que parece que tiene por objeto despistar a los depredadores.
Orden CARNÍVOROS. Los carnívoros terrestres fisípedos o de dedos libres unguiculados de la fauna española, comprenden familias muy importantes desde el punto de vista ecológico y cinegético, ya que algunas especies del grupo se hallan en grave peligro de extinción.
En lo que se refiere a la estructura y forma de apoyo de las extremidades, se incluyen en los grupos de plantígrados, digitígrados, semiplantígados o semidigitígrados. Los dedos se hallan provistos de uñas no retráctiles o retráctiles.
Los Ursidos (Oso pardo) son plantígrados. Pies con cinco dedos, uñas no retráctiles, largas y plantas callosas y desnudas. Las huellas, que recuerdan a las del pie humano con claras impresiones de almohadillas plantares y uñas, se disponen más o menos oblicuas en dirección a la marcha al paso.
Los Cánidos (Zorro, lobo y perro) son digitígrados, con cuatro dedos provistos de uñas no retráctiles y cuatro almohadillas digitales más una principal desarrollada, que dejan claras impresiones; los pies anteriores poseen, además, un dedo pulgar superior rudimentario que no toca el suelo.
Dada la similitud de huellas en las tres especies, no es fácil diferenciarlas, confusión que aumenta si se considera que los cánidos pueden marchar al paso, trote, galope e incluso salto.
En el zorro y perro las huellas de los pies anteriores son mayores que las posteriores, pero las del primero son ligeramente más estrechas y ovales y las marcas de las uñas más finas y puntiagudas; la línea horizontal que pasa por los bordes anteriores de las almohadillas digitales exteriores rozará los bordes posteriores o estará por detrás de las digitales interiores en el perro y zorro, respectivamente. El tamaño de las huella en el zorro es de 5 x 4-4?5 cm.
En el lobo las almohadillas plantares son más alargadas y separadas, de tal forma que las marcas de los dedos centrales tienen mayor separación y las impresiones de las uñas son también más largas y puntiagudas. Las dimensiones de las huellas anteriores y posteriores son de 10 x 11 cm y 7 x 8 cm, respectivamente.
Los rastros dependen del tipo de marcha. En el zorro al trote, su marcha peculiar con el cuerpo formando ángulo, da lugar a dos hileras de pares de pisadas próximas, una del pie anterior y otra del posterior, de tal forma que cada fila se sitúa en lado diferente.
Los Félidos (Lince, gato montés) son digitígrados, con similar estructura del pie que los Cánidos pero con uñas retráctiles.
Las huellas más redondeadas que en los Cánidos, de 6?5-7?5 x 5?5-6 cm, son muy parecidas en las dos especies y únicamente se diferencian en el mayor tamaño en el lince que en el gatos montés. En los dos casos, las almohadillas plantares digitales se disponen en semicírculo alrededor de la central y las uñas generalmente no dejan marcas.
Orden ARTIODACTILOS. Son Ungulados, paridigitígardos o paraxones y ungulígrados, con reducción de los dedos II y V que a veces dejan señales y pérdida del I, por lo que normalmente sólo llegan al suelo los dedos III y IV que se hallan separados por una hendidura (?pezuñas hendidas?) estructura que se refleja en las huellas plantares.
En los Suidos (Jabalí, Cerdo) además de las huellas de los dedos III y IV, aparecen también claramente las de los secundarios o ?guardas? II y V que configuran, en conjunto, una forma de trapecio cuyo tamaño varía con la edad (6-7 cm de anchura en adulto), y sexo. Las impresiones de las manos son mayores que las de los pies; al paso y al trote las huellas se desvían hacia fuera y la posterior coincide con la anterior, mien0tras que al galope aparecen en grupo de cuatro con marca de los pesuños abiertos.
En los Cérvidos (Ciervo, Gamo y Corzo) las huellas del ciervo son relativamente anchas, con las extremidades de los bordes anteriores curvadas simétricamente hacia las puntas; las impresiones de las almohadillas plantares son redondeadas y posteriores y ocupan un tercio de la longitud. Al paso, las pezuñas o dedos secundarios no dejan marcas pero sí lo suelen hacer al trote. Dimensiones 8-9 x 6-7 cm.
Las huellas del gamo son más estrechas y alargadas que las del ciervo, con impresiones puntiagudas y bordes exteriores casi paralelos en la parte posterior. Las señales de las almohadillas ocupan la mitad de la longitud de la huella cuyo tamaño es de 5-6 x 3-4 cm.
En el corzo las huellas son de pequeño tamaño, estrechas, puntiagudas y desviadas hacia fuera, en las que las impresiones de las almohadillas se extienden hasta las puntas y las pezuñas secundarias no dejan marcas (excepto al salto o galope). Las impresiones de las pezuñas anteriores suelen estar abiertas y las posteriores juntas. La huella del pie posterior generalmente coincide con la del anterior, pero se separan a medida que aumenta la velocidad.
En los Bóvidos (Cabra montés, Gamuzas o Rebeco y Muflón) las huellas de la Cabra montés, similares a las del ganado caprino, se caracterizan por ser redondeadas en los extremos y con las puntas delanteras estrechas y muy abiertas. El borde exterior es convexo y el interior cóncavo. Las pezuñas secundarias no dejan ninguna impresión. El rastro se ajusta a una línea estrecha y huellas posteriores y anteriores son divergentes y separadas.
La gamuza o rebeco, dada la especial adaptación de sus pezuñas a terrenos rocosos y escarpados con pezuñas móviles entre sí, los pies posteriores dan lugar a unas huellas trapezoidales con dos impresiones angulares y un gran espacio intermedio, Las pezuñas secundarias sólo se marcan al galope de huida o en la nieve. Dimensiones 6 x 3?5 cm.
En el muflón las pezuñas largas y delgadas, cuyas dos mitades están separadas, dan lugar a una huella angular sin señal de los dedos secundarios ni aún en el salto. Tamaño 5?5 x 4?4 cm.
EXCREMENTOS
Las deyecciones de los mamíferos constituyen signos muy característicos que pueden proporcionar interesantes informaciones acerca de la especie, tamaño, peso, edad e incluso sexo, así como del tipo de alimento y territorialidad.
Las dificultades en la identificación de las heces, se derivan de su variabilidad de forma, tamaño y consistencia según la estación del año en consonancia con los alimentos ingeridos, de su similitud en especies taxonómicamente afines y de sus cambios de color y desintegración con el tiempo. En la morfología influye la estructura anatómica de los últimos tramos del tracto digestivo.
Los excrementos de los hervíboros frescos tienen color pardo obscuros, negros o verde-negruzcos que más tarde palidecen, son depositados en grandes masas o bolas esféricas u ovales de restos vegetales, mientras que los de los carnívoros tienen en la mayoría de los casos forma cilíndrica o helicoidal puntiaguda en un extremo; en algunos casos ofrecen un aspecto de salsa blanquecina-yesosa.
Orden LAGOMORFOS. Las heces del conejo son redondas, de 1 cm de diámetro, a veces puntiagudas en un extremo, de color obscuro cuando son recientes y marrón rojizos desecadas con el tiempo, que se acumulan en letrinas o ?cagarruteros? en forma de montículos y cerca de las madrigueras (marcadores territoriales).
En la liebre son casi esféricas de 1?5-2?0 cm de diámetro, de color ocre amarillento en invierno y negruzco en verano y de textura fibrosa en cuya superficie se aprecian trozos de vegetales.
Orden CARNIVOROS. En los excrementos de los Carnívoros existe una gran variabilidad de forma y coloración relacionadas con las respectivas dietas alimentarias. Suelen ser cilíndricos ligeramente helicoidales, casi siempre con un extremo puntiagudo en el que con frecuencia existe un penacho de pelos o ?patilla?.
La coloración es frecuentemente marrón-grisácea obscura recubierta, a veces, de una capa blanquecina de fosfatos óseos. Olor penetrante.
En la composición de las heces se pueden encontrar trozos de piel, pelo, plumas, dientes, cáscaras de huevos, insectos, bayas, pólenes, frutos, etc.
El oso pardo elimina heces cilíndricas, pastosas o semilíquidas depositadas en grandes montones, de 6 cm de grosor, en ellas pueden encontrarse trozos de huesos, invertebrados, vegetales y bayas.
Las deyecciones del lobo y zorro son muy similares en cuánto a morfología, coloración y lugares de deposición en elevaciones del terreno (tocones, piedras, vegetales), pero su tamaño es ligeramente superior en el lobo con 10-15 x 2?5-3 cm que en el zorro de 8-10 x 2 cm. Frecuentemente se hallan separadas en varios cuerpos.
En el lince y gato montés los excrementos de 4-8 x 1-1?5 cm, son enterrados en el interior de su territorio y depositados en calveros y cortafuegos y en letrinas elevadas en los límites del mismo. De color negruzco en fresco y blanquecino cuando son viejos, despiden un olor específico.
Orden ARTIODACTILOS. El jabalí expulsa en los lugares de alimentación o revolcaderos heces más o menos esféricas, rugosas, agrupadas en masas oblongas pardo-negruzcas que contienen vegetales, pieles, huesos, plumas, etc. con olor fuerte a turba o acre.
Los Cérvidos eliminan los excrementos fusionados en montones; son ovales o cilíndricos negruzcos o marrón obscuros de superficie lisa, cubiertos por una capa de mucosidad brillante, pegajosa, que se seca rápidamente, con un extremo redondeado (o) o cóncavo (o) y el otro puntiagudo.
En el ciervo miden 20-25´15-18 cm, en el gamo 10-15´8-12 cm y en el corzo, muy parecidos a los de oveja, 10-14´7-10 cm.
En los Bóvidos la cabra montés, el rebeco y el muflón arrojan heces muy similares, de forma esférica, oval o cilíndrica.
Para distinguir los excrementos de las especies citadas es preciso recurrir a los detalles morfológicos, así en la cabra montés la mayoría tiene los extremos afilados o son de forma cilíndrica, mientras que en el muflón un extremo es cóncavo y el otro puntiagudo o tienen morfología ovalada y en el rebeco son casi esféricos.
MARCAS DENTARIAS, DAÑOS Y RESIDUOS DE LA ALIMENTACION
Muchos mamíferos dejan evidentes marcas o daños de haber comido en plantas leñosas (raíces, cortezas, yemas y brotes), frutos y semillas, hierbas, cadáveres de presas y sus restos, conchas de moluscos, cáscaras de huevos, etc. y residuos de alimentos no consumidos.
Pocas veces resulta posible identificar una especie con exactitud a partir de los signos y restos de la alimentación, pero constituyen datos muy valiosos si se conoce el tipo de comida, la anatomía del aparato digestivo y la fisiología de la nutrición.
Los lepóridos son duplicentados, es decir con dos pares de incisivos grandes, arqueados y paralelos en la mandíbula superior (anteriores y posteriores) y un par en la inferior, de crecimiento contínuo y movimientos longitudinales y laterales y de arriba abajo.
Las señales de roedura de los conejos y liebres son características pero muy difíciles de distinguir entre sí ya que se alimentan de brotes herbáceos y cortezas de árboles jóvenes caducifolios, coníferas y raíces, taladrándolos con sus afilados dientes que dejan unos cortes lisos y oblícuos similares a los de un afilado cuchillo y unos surcos longitudinales de roído que dan la sensación de que hubieran sido hechos por cuatro dientes estrechos, dos de la mandíbula superior (los posteriores no dejan huellas) y dos anchos de la inferior, hecho debido a que los incisivos tienen un surco central profundo.
En los Carnívoros las presas y residuos alimentarios no siempre son fáciles de encontrar, ya que las pequeñas generalmente, son ingeridas enteras y las grandes son algunas veces escondidas en cavernas o enterradas para su posterior consumo. Sin embargo, trazas o restos de las presas (huesos, pelos, plumas, sangre, cáscaras de huevos, conchas, caparazones) pueden encontrarse frecuentemente en las entradas de refugios o guaridas.
El oso mata a sus víctimas mediante golpes con sus patas anteriores, unguiculadas dejando magulladuras o con mordiscos en la cabeza, marcando sus incisivos o destrozando el frontal y otros huesos. Comienzan la comida por el pecho tercio posterior y después ingieren los órganos internos. Así mismo producen destrozos en el terreno con sus garras en busca de bulbos, insectos y hormigueros.
El zorro y lobo dirigen sus ataque con sus colmillos a la cabeza y cuello de las presas, desgarran el abdomen e ingiriendo después músculos, hígado y pulmones; los restos no consumidos son enterrados y cubiertos y en sus alrededores suelen hallarse huellas de pisoteo, sangre, pelos o masas de plumas y plumón.
El zorro, a veces, excava los refugios de pequeños roedores dejando evidentes huellas.
El lince salta sobre el dorso de pequeñas presas y las mata mediante un preciso mordisco en la garganta, ingiriéndolas enteras o dejando señales de finos orificios en laringe y tráquea, producidos por los caninos así como la cola y cuartos traseros o las alas de las aves. No suelen guardar las presas o sus restos.
En el jabalí los indicios de actividad alimentaria consisten en grandes alteraciones del terreno y marcas de la jeta en el suelo originadas en la búsqueda de larvas, raíces y hongos.
Los Cervinos, Caprinos y Ovinos por carecer de dientes incisivos en la mandíbula superior, dejan huellas muy similares en el mordido de yemas, retoños y ramas de árboles, arbustos y plantas leñosas y frutos, diferenciables únicamente por la anchura de sus marcas y por la altura en la que aparecen (3 m en el ciervo y 2 en la cabra montés). Las superficies de fractura o corte son desiguales y deshiladas (diferencia con las de la liebre que son lisas), por otra parte, el corte de los brotes y ramitas inferiores de los árboles, origina una zona inferior del tronco desnuda y un collar de pequeñas ramas alrededor de su base.
El descortezado de los árboles por el ciervo, gamo y corzo da lugar a surcos verticales, mientras que en la cabra montés, rebeco, arruí y muflón son oblícuas.
ALBERGUES Y ALOJAMIENTOS
Muchos mamíferos construyen y utilizan permanentemente o de forma temporal, refugios, guaridas, madrigueras, vivares, galerías, túneles, cobijos, etc., cuyo emplazamiento, morfología, características y dimensiones permiten obtener datos útiles para la identificación de sus moradores.
Algunas especies no disponen de albergues propios pero pueden utilizar los de otros animales u otros alojamientos naturales (cuevas, cavernas, grietas).
El conejo excava una serie de túneles subterráneos formando un simple o complicado sistema de galerías o madriguera, conectadas con la superficie por varias entradas, unidas por sendas muy utilizadas, en cuyo alrededor se acumulan excrementos.
En determinados lugares y a 40-50 cm del suelo, se construyen la cámara nido a base de heno y pelo de hembra.
La liebre, por el contrario, no construye túneles; sus refugios o camas consisten en depresiones del terreno o de la nieve, poco profundas, excavadas eliminando la vegetación o naturales.
El oso pardo, en épocas favorables, descansa en lechos escarbados en el suelo cubiertos con desechos vegetales y en el invierno en oseras o cuevas excavadas en laderas o en grietas de rocas de difícil acceso en la que prepara una mullida cama con hojarascas y hierbas.
El lobo también prepara escarbaderos, agranda la madriguera de un zorro o tejón o aprovecha cavidades naturales o matorrales enmarañados.
El zorro se alberga en una simple excavación en terrenos arenosos con una sola entrada de 20-25 cm de diámetro o en un completo sistema de galerías con numerosas entradas de las que solo utiliza algunas; la tierra arrancada se extiende en abanico en las salidas. Por otra parte, despide un olor característico penetrante y acre. A veces vive en viejos troncos huecos, hendiduras de rocas o ramaje de árboles alrededor de 4 m del suelo.
El lince elige sus guaridas en huecos de viejos árboles, densas marañas del monte, grietas de rocas, nidos de grandes aves y cavernas situadas en montículos.
El jabalí reposa en densas áreas de arbustos y árboles generalmente cercanas a lagunas o cursos de agua. En épocas calurosas también se refugia en revolcaderos de lodos.
El ciervo, gamo y corzo no construyen una forma determinada de albergues o refugios sino que se acuestan y forman descansaderos en lugares abiertos o claros de bosques en los que aplastan la vegetación, que denota la presencia y características de la especie. El corzo elimina la vegetación con las pezuñas anteriores.
La cabra montés frecuentemente descansa debajo de viseras rocosas o en cavernas.
OTRAS MARCAS Y VESTIGIOS
Revolcaderos y baños fangosos generalmente localizados en áreas pantanosas y a lo largo de cursos de agua son utilizados por el jabalí y los cérvidos. En los troncos de los árboles cercanos se pueden observar con frecuencia manchas de barro.
Escarbaduras y excavaciones para enterrar alimentos o excretas son propios del conejo, ardilla, lobo, zorro, lince y gato montés. Sus características dependen de la especie.
Indicios y marcas olorosas: Las secreciones de las glándulas odoríferas, así como la orina y excretas de muchos mamíferos, desprenden olores ?sui generis? que son utilizados como feromonas sexuales o para señalar los límites territoriales. Esos peculiares olores, pueden servir para la identificación de algunas especies. Como ejemplos de marcas olorosas cabe señalar el penetrante del conejo, el musgoso de los Cánidos, el típico del cerdo y del jabalí o el ?tufo? a zorro ya citado.
El ciervo y gamo depositan orina y semen en las excavaciones de cortejo sexual ya mencionadas, produciéndose un lodo maloliente típico.
Escodaduras, daños y arañazos originados por las cornamentas y uñas, constituyen, también, indicios de la presencia de algunos mamíferos cinegéticos, así por ejemplo el ciervo y el gamo restregando sus astas en troncos y ramas de árboles y arbustos en otoño para eliminar la piel que las recubre o ?terciopelo?, desgarran y desprenden largas tiras de la corteza o rompen ramas laterales y dejan restos de la citada piel; el corzo continúa el frotamiento de cuernas durante el verano. Arañazos y rasguños en las cortezas de los troncos de los árboles, dependiendo de su situación, tamaño y características, contribuyen a la identificación del lince y oso.
La morfología, coloración y se todo la forma y disposición de las escamas articulares y la estructura de las formaciones pilosas de algunos mamíferos, desprendidas durante la muda, por rozamiento con vegetales, alambradas o paredes de pasos angostos o procedentes de restos de presas, son vestigios que pueden utilizarse para completar los datos de identificación.
Por último, dn señalarse las grandes poslidades y la exactitud que ofrecen para la identificación animal las nuevas técnicas de diferenciación inmunológica y de determinación de ADN en las manchas de sangre y en otros restos y líquidos orgánicos.
Teraremos nuestraterven