El reservorio primordial en el ciclo de contagio infeccioso
Guillermo Suárez Fernández
Introducción
La infección es un conflicto. Un conflicto que se establece cuando un microbio, de virulencia suficiente, logra sortear las barreras y defensas orgánicas y así penetra en el organismo produciendo diferentes tipos de alteración.
En torno y rueda, tomando la expresión afortunada del insigne Albéitar La Reina al descubrir la circulación de la sangre ?en torno y rueda? a la infección y enfermedad infectocontagiosa vamos a caminar en esta actuación anual reglamentaria, ante la Academia Nacional de Ciencias Veterinarias.
La infección, desde un punto de vista conceptual, presenta muy diferentes matices. Vista desde un ángulo biológico puro y de filosofía científica la infección es un fracaso de la relación microbio / organismo hospedador. Vista la infección desde el conflicto, tantas veces violento, que plantea la interacción agente / hospedador y la posible extensión del contagio, los objetivos de urgencia han de ser la prevención, de forma preferente y el tratamiento una vez instaurado el proceso infeccioso, tomando a tiempo las medidas conducentes a evitar su difusión.
En idea de Teobaldo Smith ?la enfermedad infecciosa es el fenómeno accesorio de un parasitismo en evolución?. En efecto, las reacciones violentas que caracterizan a la enfermedad infecciosa, se atenúan terminando por desaparecer, a medida que avanza la interacción y el ajuste parásito / hospedador.
Cuando esa ínter adaptación falla, ante la violencia de la agresión y el hospedador muere, el agente infeccioso pierde el suministro de nutrientes y el cómodo cobijo que aquel le facilitaba, lo que nos permite calificar al parasitismo de suicida.
Esta interadaptación, que es claro objetivo de toda colonización o invasión microbiana, a veces es muy lenta y necesita ?eones? de tiempo. El virus de la rabia es y ha sido patógeno a lo largo de la historia de la humanidad sin variación apreciable de su virulencia y lo mismo sucede con otros microorganismos. Sin embargo, hay casos en que la adaptación no es tan lenta y existen ejemplos muy cercanos a la profesión Veterinaria. A finales de los años cincuenta del pasado siglo XX se declara en Extremadura y Salamanca, principalmente, la Peste Porcina Africana (PPA) y la mortalidad era del cien por cien de los cerdos afectados. La epizootia remite tras una prolongada lucha y treinta años más tarde es erradicada la enfermedad de la península ibérica, con una mortalidad no superior al cinco por ciento, lo que demuestra una adaptación del virus. Hay más ejemplos, pero no tan familiares como lo es para el mundo veterinario la inolvidable PPA.
Contagio infeccioso
Pasando al terreno aplicado funcional y práctico, nos encontramos con ese enorme interés que siempre ha prestado el ser humano a la enfermedad infecciosa y, en especial, al contagio de ésta.
La existencia de graves epidemias humanas a lo largo de la historia tales como la peste, la viruela, la lepra, la sífilis, la difteria, la gripe, el carbunco, la rabia, la tuberculosis, la malaria y el cólera, entre otras, muchas de ellas catalogadas como zoonosis, han despertado en el hombre, junto al temor, un deseo o aspiración insuperable de erradicar las infecciones mediante diferentes sistemas de lucha y prevención. Esta idea permanente en el hombre desde la más remota antigüedad se sustantiviza y toma cuerpo a mediados del siglo XIX, cuando Henle, maestro de Koch, elabora la teoría germinal, microbiana o infecciosa de la enfermedad, teoría que se afianzó con los estudios del propio Henle con hongos dermatofitos productores de las tiñas, de Bassi quien detecta que una enfermedad de los gusanos de seda era producida por un hongo, de Rayer y Devaine e independientemente por Pollender, que relatan la observación de estructuras bacilares en la sangre de ovejas infectadas de carbunco, proporcionando la evidencia del origen microbiano de la misma, de Pasteur que descubre que la pebrina del gusano de seda es producida por un protozoo, prueba también la falsedad de la ?generación espontánea? y tomando el carbunco como enfermedad modelo, criterio que adopta también Koch y toda una pléyade de investigadores, discípulos de las dos luminarias de la Medicina y Biología Aplicada del siglo XIX, reafirman con contundencia la nueva doctrina atisbada por Henle.
Conocida y bien asimilada la causa microbiana de la infección, la aspiración humana de eliminar las infecciones se intensifica gradualmente en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, pero tenemos que confesar que ha sido ineficaz en sus resultados. Hemos erradicado la viruela ya en los años 80 del pasado siglo, si bien el proceso no se ha culminado por falta de acuerdo para destruir las estirpes del virus variólico que permanecen en laboratorios de JUL y de Rusia y no parece fácil que vayan a destruirse las cepas variólicas por el temor que nace de la posibilidad de que, alguna de ellas, haya llegado a manos de un grupo terrorista, lo que no sería difícil ante el descontrol de armamento al constituirse nuevas repúblicas del Este desaparecer la Unión Soviética como nación única. Están también en vía de ser erradicadas la difteria y la poliomielitis. Pero son estas enfermedades cuyo único hospedador y reservorio a la vez es el ser humano y en todo caso, en segundo plano, alguna de las especies de simios antropoides fácilmente controlables.
Erradicación
Nunca se podrá erradicar la rabia, la malaria, la leishmaniosis, las encefalitis por virus, las diarreas hemorrágicas víricas transmisibles por artrópodos entre las que figura la temible enfermedad de Ébola, sin alterar los ecosistemas de forma grave e irreversible y posiblemente ni aún así. Más cerca de lo real, de lo que se puede hacer está la contención y control de los procesos infectocontagiosos mediante el mejor conocimiento de los ciclos de infección, y de contagio, en los que hay que contar con el papel del protagonista desempeñado por el reservorio y ?en torno y rueda? a este término va a girar, en adelante, nuestra intervención, en cuyo título figura ?reservorio? en un primer plano.
El reservorio
A nuestro juicio, la función del reservorio en la aparición de brotes epidémicos tiene más importancia desde el punto de vista epidemiológico que el tipo de agente patógeno causal, sea virus, bacteria, hongo microscópico, o protozoo. Dicho esto, haremos algunas consideraciones previas.
No deja de ser cuso que la palabra reservo no ure en el na (Vocabula ntío y Téco) de la Real Acade de ns Exactas, Fías y Naturales. La palabra reservo prone del vocablo francés reservoir y la Real Academia Española la reconoce dos acepciones, pero ninguna de ellas hace referencia a ?reservorio de agentes infecciosos?, cosa que si se hace en los libros de zoonosis auspiciados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En la obra clásica titulada ?Zoonosis transmisibles comunes al hombre y los animales? de Acha y Szyfres, patrocinado por la OMS y por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se define el término reservorio como ?cualquier ser humano, animal, artrópodo, planta, suelo, materia, o una combinación de ellos, donde normalmente vive y se multiplica un agente infeccioso y del cual depende para su supervivencia y donde se reproduce de manera que puede ser transmitido a un huésped susceptible?.
El concepto anterior de reservorio es, a nuestro juicio, demasiado amplio y no permite una diferenciación entre términos como vector, portador inaparente, subclínico o crónico de reservorio propiamente dicho, que suele pertenecer a uno de estos grupos: vertebrados silvestres (roedores, carnívoros, aves acuáticas migratorias) e invertebrados artrópodos (insectos y garrapatas, principalmente). El reservorio de agentes infecciosos propiamente dicho deberá caracterizarse por una vehiculación biológicamente activa, con multiplicación y crecimiento microbiano, con o sin la aparición de mutaciones, forma más frecuente en las infecciones víricas, por no padecer la enfermedad o padecerla de forma inaparente o subclínica.
Los reservorios por su predominante naturaleza silvestre escapan con frecuencia al control humano que cuenta además, con la limitación de respetar el equilibrio ecológico, tan dependiente de la fauna salvaje.
A este tipo de reservorio biológicamente activo con un destacado papel tanto en la difusión de enfermedades como en la aparición de nuevos brotes infecciosos, se le da el nombre de ?reservorio primordial? a fin de diferenciarlo claramente de cualquier otro tipo de vector o portador de virus.
Algunos ejemplos de actualidad nos ayudarán a dar la exacta dimensión del problema epidemiológico que representa la aparición de un brote infeccioso y su difusión y contagio.
Influenza aviar
Lafluenza ar A, ge o peste ar es una enfermedad de moda produa por un Ortomyxovirus o A, próa al de lafluenza o ge humana, pora y eqa. Los Ortomixovirus ponen de una doble vía de va